Esta web utiliza cookies propias y de terceros para una mejor experiencia de usuario.

Al acceder acepta nuestro ACUERDO LEGAL y POLITICA DE COOKIES.
Si ha accedido por error y quiere salir de forma segura haga click aquí.

Usted está visitando la página web  www.semananegra.org titularidad de Asociación Semana Negra, con domicilio social en: Calle Fernando el Santo, 21, bajo 5, CP 33204 Gijón - Asturias (ES) con NIF G33682444, en adelante Semana Negra. Puede contactar con la Semana Negra por cualquiera de los siguientes medios: Teléfono: 985 35 69 11 Correo electrónico: org@semananegra.org Usuarios Las presentes condiciones (en adelante Aviso Legal) tiene por finalidad regular el uso de la página web que la Semana Negra pone a disposición del público. El acceso y/o uso de esta página web le atribuye la condición de USUARIO, que acepta desde dicho acceso y/o uso, las condiciones generales de uso aquí reflejadas. Las citadas condiciones serán de aplicación independientemente de las condiciones generales de contratación que en su caso resulten de obligado cumplimiento. Uso del portal www.semananegra.org proporciona el acceso a multitud de informaciones, servicios, programas o datos (en adelantes «los contenidos») en Internet pertenecientes a la Semana Negra o a sus licenciantes a los que el USUARIO pueda tener acceso. El USUARIO asume la responsabilidad del uso del portal. Dicha responsabilidad se extiende al registro que fuese necesario para acceder a determinados servicios o contenidos. En dicho registro el USUARIO será responsable de aportar información para acceder a determinados servicios o contenidos. En dicho registro el USUARIO será responsable de aportar información veraz y lícita. Como consecuencia de este registro: al USUARIO se le puede proporcionar una contraseña de la que será responsable: comprometiéndose a hacer un uso diligente y confidencial de la misma. El USUARIO se compromete a hacer un uso adecuado de los contenidos y servicios (p.e. servicios de chat, foros de discusión o grupos de noticias) que la Semana Negra ofrece a través de su portal y con carácter enunciativo, pero no limitativo a no emplearlos para:

  • Incurrir en actividades ilícitas, ilegales o contrarias a la buena fe y al orden público.
  • Difundir contenidos o propaganda de carácter racista, xenófobo, pornográfico-ilegal, de apología del terrorismo o atentatorio contra los derechos humanos.
  • Provocar daños en los sistemas físicos y lógicos de la Semana Negra, de sus proveedores o de terceras personas.
  • Introducir o difundir en la red virus informáticos o cualesquiera otros sistemas fisicos o lógicos que sean susceptibles de provocar los daños anteriormente mencionados.
  • Intentar acceder y/o utilizar las cuentas de correo electrónico de otros usuarios y modificar o manipular sus mensajes.
La Semana Negra se reserva el derecho de retirar todos aquellos comentarios y aportaciones que vulneren el respeto a la dignidad de la persona, que sean discriminatorios, xenófobos, racista, pornográficos, que atenten contra la juventud o la Infancia, el orden o la seguridad pública o que a su juicio no resultarán adecuados para su publicación. En cualquier caso, la Semana Negra no será responsable de las opiniones vertidas por los usuarios a través de los foros, chats u otras herramientas de participación. Protección de datos La Semana Negra cumple con las directrices de la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, el Real Decreto 1720/2007 de 21 de diciembre por el que se aprueba el Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica y demás normativa vigente en cada momento y vela por garantizar un correcto uso y tratamiento de los datos personales del usuario. Para ello junto a cada formulario de recogida de datos de carácter personal que la Semana Negra pueda solicitar, hará saber al USUARIO de la existencia y aceptación de las condiciones particulares del tratamiento de sus datos en cada caso, informando de la responsabilidad del fichero creado, la dirección del responsable. La posibilidad de ejercer sus derechos de acceso, rectificación, cancelación u oposición, la finalidad del tratamiento y las comunicaciones de datos a terceros en su caso. Cuando el USUARIO facilita sus datos de carácter personal, sin perjuicio de lo indicado en el párrafo anterior, está autorizando expresamente la Semana Negra al tratamiento de sus datos personales para las finalidades que en los mismos se indican. El USUARIO o su representante podrán ejercitar los derechos de acceso, rectificación, cancelación u oposición mediante solicitud escrita y firmada dirigida al domicilio indicado en el apartado 1 de este aviso legal. Asimismo, la Semana Negra informa que da cumplimiento a la Ley 34/2002 de 11 de julio, de Servicios de la Sociedad de la Información y el Comercio Electrónico y le solicitará su consentimiento al tratamiento de su correo electrónico con fines comerciales en cada momento. Propiedad intelectual e industrial La Semana Negra es propietaria de todos los derechos de propiedad intelectual e industrial de su página web, así como de los elementos contenidos en la misma (a título enunciativo: imágenes, fotografias, sonido, audio, vídeo, software o textos, marcas o logotipos, combinaciones de colores, estructura y diseño, selección de materiales usados, programas de ordenador necesarios para su funcionamiento, acceso y uso, etc.); titularidad de la Semana Negra, de sus licenciantes u open source GPL license. Antes de copiar o distribuir contenido de esta web habrá de ponerse el contacto en usuario con la Semana Negra, para conocer los detalles de la propiedad intelectual que posee aquello objeto de copia. En virtud de lo dispuesto en los artículos 8 y 32_ 1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual, quedan expresamente prohibidas la reproducción, la distribución y la comunicación pública, incluida su modalidad de puesta a disposición, de la totalidad o parte de los contenidos de esta página web, con fines comerciales, en cualquier soporte y por cualquier medio técnico, sin la autorización de la Semana Negra. El USUARIO se compromete a respetar los derechos de Propiedad Intelectual e Industrial titularidad de la Semana Negra. Podrá visualizar los elementos del portal e incluso imprimirlos, copiarlos y almacenarlos en el disco duro de su ordenador o en cualquier otro soporte físico, siempre y cuando sea única y exclusivamente para su uso personal y privado. El USUARIO deberá abstenerse de suprimir, alterar, eludir o manipular cualquier dispositivo de protección o sistema de seguridad que estuviera instalado en las páginas de la Semana Negra. Exclusión de garantías y responsabilidad El USUARIO reconoce que la utilización de la página web y de sus contenidos y servicios se desarrolla bajo su exclusiva responsabilidad. En concreto, a título meramente enunciativo, la Semana Negra no asume ninguna responsabilidad en los siguientes ámbitos:
  1. La disponibilidad en el funcionamiento de las páginas, sus servicios y contenidos y su calidad o interoperabilidad.
  2. La finalidad para la que la página web sirva a los objetivos del USUARIO.
  3. La infracción de la legislación vigente por parte del USUARIO, o terceros, y en concreto de los derechos de propiedad intelectual y/o industrial que sean titularidad de otras personas o entidades.
  4. La existencia de códigos maliciosos o cualquier otro elemento informático dañino que pudiera causar daños al sistema informático del USUARIO o de terceros. Corresponde al USUARIO, en todo caso, disponer de herramientas adecuadas para la detección y desinfección de estos elementos.
  5. El acceso fraudulento a los contenidos o servicios por terceros no autorizados o en su caso, la captura, eliminación, alteración, modificación o manipulación de los mensajes y comunicaciones de cualquier clase que dichos terceros pudieran realizar.
  6. La exactitud, veracidad, actualidad y utilidad de los contenidos y servicios ofrecidos y la utilización posterior que de ellos haga el USUARIO. La Semana Negra empleará todos los esfuerzos y medios razonables para facilitar la información actualizada.
  7. Los daños producidos a equipos informáticos durante el acceso a la página web, y los daños producidos a los USUARIOS cuando tengan su origen en fallos o desconexiones en las redes de telecomunicaciones que interrumpan el servicio.
  8. Los daños o perjuicios que se deriven de circunstancias acaecidas por caso fortuito o fuerza mayor. En caso de que existan foros, el uso de los mismos u otros espacios análogos, ha de tenerse en cuenta que los mensajes reflejan únicamente la opinión del USUARIO que los remite, que es el único responsable. La Semana Negra no se hace responsable del contenido de los mensajes enviados por el USUARIO.
Modificación de este aviso legal y duración La Semana Negra se reserva el derecho de efectuar sin previo aviso las modificaciones que considere oportunas en su portal, pudiendo cambiar, suprimir o añadir tanto los contenidos como los artículos que se presten a través de la misma, así como la forma en la que éstos aparezcan presentados o localizados en su portal. La vigencia de las citadas condiciones irá en función de su exposición y estarán vigentes hasta que sean modificadas por otras debidamente publicadas. Enlaces En el caso de que en se incluyesen enlaces o hipervínculos hacía otros sitios de Internet, la Semana Negra no ejercerá ningún tipo de control sobre dichos sitios y contenidos. En ningún caso la Semana Negra asumirá responsabilidad alguna por los contenidos de algún enlace perteneciente a un sitio web ajeno, ni garantizará la disponibilidad técnica, calidad, fiabilidad, exactitud, amplitud, veracidad, validez y constitucionalidad de cualquier material o información contenida en ninguno de dichos hipervínculos u otros sitios de Intemet. Igualmente, la inclusión de estas conexiones externas no implicará ningún tipo de asociación, fusión o participación con las entidades conectadas. Derecho de exclusión La Semana Negra se reserva el derecho a denegar o retirar el acceso a portal y/o los servicios ofrecidos sin necesidad de advertencia previa, a Instancia propia o de un tercero, a aquellos usuarios que Incumplan el contenido de este aviso legal. Generalidades La Semana Negra perseguirá el incumplimiento de las presentes condiciones, así como cualquier utilización indebida de su portal ejerciendo todas las acciones civiles y penales que le puedan corresponder en derecho. Legislación aplicable y jurisdicción. La relación entre la Semana Negra y el USUARIO se regirá por la normativa española vigente. Todas las disputas y reclamaciones derivadas de este aviso legal se resolverán por los juzgados y tribunales españoles.

La Semana Negra de Gijón (en lo sucesivo La Semana Negra) informa acerca del uso de las cookies en sus páginas web. Las cookies son pequeños fragmentos de texto que se utilizan para almacenar información sobre los navegadores web. Permiten almacenar y recibir identificadores e información adicional sobre ordenadores, teléfonos y otros dispositivos. También se utilizan con fines similares otras tecnologías, como los datos que almacenamos sobre los navegadores web o los dispositivos, los identificadores que se asocian a los dispositivos y otros tipos de software. A efectos de esta política, todas las tecnologías referidas reciben el nombre de “cookies”. Utilizamos cookies en los siguientes casos: si usas los contenidos de la Semana Negra (incluidos nuestro sitio web y nuestras aplicaciones) o visitas otros sitios web y aplicaciones que utilizan dichos contenidos. Las cookies permiten a la Semana Negra ofrecerte sus contenidos y nos ayudan a comprender la información que recibimos de ti, incluidos los datos sobre el uso que realizas de otros sitios web y aplicaciones, independientemente de si estás o no registrado o si has iniciado sesión en la plataforma. En esta política se explica el uso que hacemos de las cookies y las opciones de las que dispones. Salvo que se indique lo contrario en el presente documento.




¿Por qué utilizamos cookies? Las cookies nos ayudan a prestar, proteger y mejorar los contenidos de la Semana Negra; por ejemplo, nos permiten personalizar el contenido, adaptar los anuncios y medir su rendimiento, así como brindar una mayor seguridad. Aunque las cookies que utilizamos pueden cambiar en determinadas circunstancias durante la mejora y la actualización de los contenidos de la Semana Negra, suelen utilizarse para los fines siguientes:

  • Autenticación
Utilizamos determinar cuándo inicias sesión en la plataforma, con el objetivo de ayudarte a acceder a los contenidos de la Semana Negra y mostrarte la experiencia y las funciones adecuadas.
  • Seguridad e integridad de los sitios web y los contenidos
Utilizamos cookies para proteger los contenidos de la Semana Negra. Asimismo, utilizamos cookies para luchar contra aquellas actividades que puedan infringir nuestras políticas o minar, de cualquier otro modo, nuestra capacidad para proporcionar nuestros contenidos. También usamos cookies para detectar ordenadores infectados con malware y adoptar medidas dirigidas a impedir que provoquen daños mayores.
  • Publicidad, recomendaciones, estadísticas y mediciones
Utilizamos cookies para mostrar anuncios de empresas y organizaciones y recomendarlas a personas que pueden estar interesadas en los contenidos, los servicios o las causas que promocionan. También utilizamos cookies para medir el rendimiento de las campañas publicitarias de empresas que utilizan los contenidos de la Semana Negra. Las cookies nos ayudan a mostrar y medir anuncios en los diferentes navegadores y dispositivos que utiliza una persona. Las cookies también nos permiten proporcionar estadísticas sobre las personas que usan los contenidos de la Semana Negra y aquellas que interactúan con los anuncios, los sitios web y las aplicaciones de nuestros anunciantes y de las empresas que utilizan dichos contenidos. También utilizamos cookies para ayudarte a indicar que no quieres ver determinados anuncios en función de tu actividad en sitios web de terceros.
  • Funciones y servicios para sitios web
Utilizamos cookies para habilitar las funciones que nos ayudan a proporcionar los contenidos de la Semana Negra.
  • Rendimiento
Utilizamos cookies para ofrecerte la mejor experiencia posible. También nos ayudan a registrar la relación de aspecto y las dimensiones de tu pantalla y tus ventanas, y a saber si tienes habilitado el modo de contraste alto para mostrarte correctamente nuestros sitios y aplicaciones.
  • Análisis y estudios
Utilizamos cookies para conocer mejor cómo se utilizan los contenidos de la Semana Negra, con el fin de mejorarlos.




Cómo modificar la configuración de las cookies

Usted puede restringir, bloquear o borrar las cookies de la Semana Negra o cualquier otra página web, utilizando su navegador. En cada navegador la operativa es diferente, la función de 'Ayuda" le mostrará cómo hacerlo. No obstante, a continuación, le facilitamos los hipervínculos que le conducirán a la página que su navegador pone a disposición del usuario para la restricción de cookies.
Internet Explorer (https://support.microsoft.com/es-es/help/17442/windows-internet-explorer-delete-manage-cookies#ie=ie-10)
FireFox (https://support.mozilla.org/es/kb/Borrar%20cookies)
Chrome  (https://support.google.com/accounts/answer/61416?hl=es)
Safari (https://www.apple.com/legal/privacy/es/cookies/)


Detalle de Cookies utilizadas en el sitio

La duración máxima es de dos años.

_ga | COOKIE DE GOOGLE ANALITYCS QUE NOS AYUDA A DARTE LAS ESTADÍSTICAS EN CADA EDICIÓN (Se usa para distinguir a los usuarios.). _ga + id | COOKIE DE GOOGLE ANALITYCS QUE NOS AYUDA A DARTE LAS ESTADÍSTICAS EN CADA EDICIÓN (Se usa para mantener el estado de la sesión.).
aceptocookies | COOKIE PARA SABER QUE HAS ACEPTADO COOKIES.
plllanguage | COOKIE PARA ADAPTAR TU LENGUAJE .  


Fecha de la última revisión: 26/04/2024

XXXIX EDICIÓN
03 AL 12 DE JULIO DEL 2026

Logo
  • INICIO
  • PODCAST
  • VIDEOS
  • A QUEMARROPA
  • EDICIONES

Síguenos:

La paciencia

Lenka Dángel
2024-07-13

De todos los niños Carlyle, Eliza era sin duda la peor. En realidad, los otros no eran tan malos, al menos cuando se les trataba un poco. Todos ellos compartían el mismo aire arrogante de quienes crecen sabiendo que siempre podrán hacer su voluntad, pero, a diferencia de su hermana menor, los otros podían resultar entrañables si se lo proponían. Si eso se debía a que poseían ciertas virtudes entre sus muchos defectos, o si, por el contrario, sólo era un reflejo de que eran menos inteligentes que Eliza, es algo que nunca he logrado dilucidar.

George Carlyle no estaba destinado a llevar las riendas de la fortuna que amasaran sus ancestros, pero la trágica muerte de su hermano mayor puso el destino del clan en sus torpes manos. Pese a su aspecto tosco y su falta de talento, no le faltaron candidatas a esposa, y, entre las lánguidas y bien educadas peonías de aquella próspera región, él no pudo evitar fijarse en la exótica orquídea. Lavinia había nacido en el barrio equivocado, algo que, para desesperación de sus futuros suegros, supo compensar con una belleza embriagadora y un cerebro rapaz. Memorizó pasos de baile, el orden de los cubiertos y los tópicos adecuados de una conversación elegante. Gracias a eso, y a otras maniobras que no vienen al caso, se ganó el derecho a ser una Carlyle.

Eliza nació cuando ya nadie la esperaba. Los negocios de su padre empezaban a naufragar, y los encantos de su madre iban por el mismo camino. La pareja apenas se dirigía la palabra, salvo por algunas frases de heladora cortesía frente al servicio. George pasaba jornadas interminables en su despacho de la ciudad, fingiendo entender los reclamos y explicaciones de sus muchos asesores e invitando a comer en Rose´s a quienes aún creía sus amigos. Para Lavinia, que jamás fue realmente aceptada en aquel cerrado círculo, los días discurrían con una copa en la mano, recostada en una de las tumbonas de la piscina, con gafas oscuras y un chal sobre los hombros. Los hijos mayores, entraban y salían de la mansión sin dar explicaciones.

Ante tal panorama, sólo quedaba Eliza, creciendo salvaje en la inmensidad de la hacienda familiar. Mi hermano y yo éramos, de hecho, su única compañía, aunque hubiera sido más exacto decir que éramos sus mascotas. Como hijos del ama de llaves, estábamos lejos de poder ser considerados sus iguales. Nuestra relación con ella siempre fue compleja. Eliza, con sus bucles color caramelo y sus intensos ojos verdes, podía desplegar un encanto capaz de hipnotizarte, pero, en apenas unos segundos, la rabia lograba transformarla en una criatura rebosante de crueldad. Por descontado, era lista. Jamás se permitía ciertos arranques en presencia de adultos.

‒Es mala ‒traté de explicarle a mi madre en una ocasión‒. Le gusta hacer daño a los insectos, y a las lagartijas.

‒Jane, por favor… ‒suspiró ella, supervisando la ropa blanca en el cuarto de la plancha‒. Sólo está un poco consentida, eso es todo…

‒Te digo que es mala ‒insistí‒. Cogió la escopeta del cobertizo y casi mata al perro del señor Travis.

‒El señor Travis haría bien en mantener a ese chucho lejos de las begonias, si no quiere que la señora le despida…

‒¡Mamá! ‒protesté, sintiendo lástima por el jardinero‒. Eliza es mala de verdad. Will le tiene miedo.

Pensé que mencionar a mi hermano, aquella criatura sensible y dulce, ablandaría a mi madre. Pero ¿qué podía hacer, en realidad? ¿Privar a la señorita Eliza Carlyle de su único entretenimiento? ¿Sugerir en voz alta que ella era una mala influencia para nosotros? No en aquella casa. No en aquel mundo. No puedo culpar a la pobre Lorna McCoy de lo que ocurrió. Porque, al final, fui yo la que terminó propiciándolo.

Fue un verano tórrido, de aire irrespirable. Todo el mundo estaba más irritado de lo normal. A Eliza, por alguna extraña razón, empezó a atraerle la zona del remanso. Pese a que los mosquitos nos comían vivos allí. Pese a que, desde que había empezado la renovación de las viejas cocheras, aquello estaba sembrado de sacos vacíos, escombros, tejas rotas y ladrillos.

‒Vamos al remanso ‒nos anunció una mañana, en un tono que no admitía réplica.

‒¿Otra vez? ‒protesté. No sé ni por qué me atrevía a hacerlo. Quizá únicamente porque era un par de años mayor que ella‒. ¿A qué viene esa obsesión?

‒Will tiene que aprender a nadar.

Mi hermano pequeño me miró, espantado.

‒No se va a meter en medio de ese fango apestoso.

‒Tiene que aprender a nadar ‒repitió ella, tozuda‒. Ya tiene ocho años, hasta la imbécil de Frances sabía a su edad. ¿Eres un gallina, Will?

‒No lo soy ‒respondió él, con lágrimas en los ojos.

‒¿Quieres que aprenda a nadar? ‒propuse, retadora‒. ¿Qué tal en la piscina?

Me miró como si la hubiera abofeteado.

‒¿El hijo de nuestra ama de llaves, en la piscina? ‒chilló, haciendo un montón de aspavientos‒. ¡Lo que me faltaba por oír!

La discusión subió de tono. Will y yo sabíamos que, en cualquier momento, Eliza perdería la paciencia y empezarían los golpes, los pellizcos, los empujones. Ataques con los que nos desafiaba, sabedora de que no podíamos responder. Así que, anticipándonos a su estallido, reaccionamos tal y como habíamos acordado: corriendo cada uno en una dirección. Funcionó. No podía seguirnos. Will era menudo, pero increíblemente rápido y ágil. Yo no corría tanto, pero era mucho más grande que Eliza. Y, aunque eso no le impedía pegarme, en el fondo sabía que conmigo se arriesgaba un poco más. Así que se quedó quieta, con los puños apretados, roja de indignación. Cuando hube comprobado que Will y yo estábamos bien lejos, cada uno en un extremo de la explanada, la saludé con la mano. A día de hoy, sigo pensando que aquella provocación lo causó todo.

Lo que recuerdo con más nitidez es el tremendo enfado que empañó mi sensación de triunfo. Había olvidado que era jueves, así que no pude escapar de la ingrata tarea de abrillantar la plata y ayudar con la plancha. Obedecí, por supuesto, envidiando la suerte de William, que, a buen seguro, estaría jugando en alguna parte con el setter del señor Travis. La tarde se hizo eterna. Mi humor fue empeorando con el correr de las horas y, para cuando mi madre, intranquila, me preguntó por mi hermano, no supe decirle dónde podía estar. Se hizo de noche, y empezamos a buscarlo. El propio George participó en la batida. No porque Will le interesara, sino porque tampoco Eliza daba señales de vida. Me atenazó un presentimiento horrible. Era noche cerrada cuando Ted, el ayudante de Travis, lo encontró. Estaba junto al remanso, entre cascotes y desperdicios. Tenía los ojos muy abiertos y el cráneo hundido. Han pasado cuarenta años, y sigo oyendo el alarido de mi madre.

Mi memoria se vuelve confusa a partir de ahí. Una marea de imágenes borrosas, de fragmentos, de voces. Sylvia, la criada, lavando entre hipidos el vestido de Eliza, lleno de manchas oscuras. Lavinia Carlyle, sorprendentemente sobria, hablando en su tono más persuasivo.

‒… sé que es una tragedia horrible, querida, pero… ¿qué ganarías arruinando la vida de mi hija por un espantoso accidente? Sabes cuánto te aprecia esta familia, Lorna, sabes que haríamos cualquier cosa por ti… ¡Y tienes que pensar en Jane!

Gente extraña viniendo a la casa. Policías, un juez. Todos saludaban a George con caras serias, como si fuera él la víctima de algo. La señora Pitts, la cocinera, me dio una tisana que me adormiló por completo. Nadie me hizo preguntas. Nunca.

El precio por callar fue que los Carlyle pagaron mis estudios. Mi madre trabajó para ellos el resto de su vida, que no fue demasiado larga. Las dos tuvimos que mostrarles gratitud, siempre. Por suerte, el azar no entiende de clases, y, a veces, responde de maneras curiosas. George Carlyle acabó en las portadas de los periódicos por un caso de malversación que, estoy segura, ni fue culpa suya ni habría podido orquestar jamás. Nunca se supo quién se aprovechó así de él. Se voló los sesos poco antes de cumplir los cincuenta y cinco. Creo que le molestaba menos que le tomaran por un delincuente que por el idiota que era. El hijo mayor, Henry, murió tres años después, a los veintisiete, en un circuito de carreras. Jeremy, el frágil poeta atormentado, se ahorcó en un hotel miserable a los treinta y dos. Con apenas un par de meses de diferencia, la preciosa Frances sucumbió a una sobredosis, tras rebotar de amante en amante desde su puesta de largo. Mary Alice, la más indómita, salió de su casa del lago una mañana de agosto, dispuesta a nadar uno o dos kilómetros, como solía. Nunca la encontraron. Lavinia pasó más de una década cuidando de su última hija, aquejada de un raro caso de demencia precoz. Imagino que, al final, no le alcanzó la tenacidad para más. Se tragó un frasco entero de sedantes tras dejar una sucinta nota. Un “lo siento” que nunca se supo a quién iba dirigido. De la inmensa fortuna Carlyle, no quedaba ni rastro.

Para entonces, yo ya había alcanzado el puesto de Enfermera Jefe en la lujosa residencia Saint Dennis, así que nadie comprendió que presentara mi renuncia para aceptar un puesto de menor categoría y sueldo en La Alameda. Lo habrían entendido si hubieran escuchado lo que le susurré a una Eliza Carlyle medio catatónica el día de su ingreso. El miedo en su cara, desbordando aquellos ojos de serpiente. Sabiéndose indefensa. Mi madre lo decía siempre. La paciencia es una gran virtud.

PORTADA

Contacto:

Oficinas:
Calle Fernando el Santo, 21, bajo 5
33204 Gijón - Asturias (ES)
+34 985 160 934

  • AVISO LEGAL
  • PORTAL DE TRANSPARENCIA
  • ASOCIADOS
  • DIRECTORIO