Un artículo de:
Aida Riesgo
Publicado el:
2024-07-05

Realismo mágico con nombre de mujer

Mujeres del cuento

Mi intención aquí, durante los días que se alargue nuestra querida Semana Negra de Gijón en su XXXVII edición, es daros a conocer a esas grandes autoras que hicieron del cuento escrito su vida y también su trabajo. Para ello, me pasearé entre géneros, a veces más cerca del realismo mágico y del terror y otras hacia la fantasía y el folclore, pero siempre sobre el mismo soporte, el de esos relatos que nos hacen sentir el cosquilleo de la incertidumbre ante lo desconocido, que transforman la realidad en magia y lo absurdo en un denso telón de fondo.

Hablar de cuentos, hacerlo en concreto y cerrando círculos, sobre el realismo mágico y el misterio en la literatura, es poner rostro de hombre al asunto. No es algo que nos sorprenda a estas alturas, pero sí nos incomoda y nos cuenta (nunca mejor escrito) sólo una parte del relato: la de siempre.

Podríamos definir el realismo mágico como ese género que mezcla fantasía y misterio, con un anclaje hacia lo real, hacia lo cotidiano, bien sea a través de los tiempos o los personajes. Además de esta fusión, plasma la realidad de los pueblos, de las clases bajas, de los que no tienen un altavoz para hablar. Pero, ¿quién se inventó este estilo? ¿dónde surgió? ¿quién lo hizo resonar? Voy a ser rotunda: unos dicen que fue Gabriel García Márquez (Colombia) con “Cien años de soledad”, escrita entre 1965 y 1966 y publicada en 1967, quien empezó con el género, algunos, los menos, que fue Elena Garro (México) con su novela “Los recuerdos del porvenir”, escrita en 1953 y publicada en 1963. Cuestión de echar números, supongo. Lo que sí es evidente es que el realismo mágico nació (con “boom” incluido) en Latinoamérica.

Sin enrollarme más y volviendo un poco al porqué de todo esto, mi tarea en las páginas de “A Quemarropa” será la de rescatar la voz de aquellas autoras, aquellas mujeres, que escribieron cuentos y relatos, más o menos cerca de la realidad. Ojo, también habrá voces nuevas, escritoras emergentes que toman el relevo, iremos viendo… lo que seguro haré será centrarme en Latinoamérica y, desde allí, llevaros a otros continentes. Lo que importa es que se siga hablando y escribiendo sobre ellas. Sobre las cuentistas de todos los tiempos y lugares. Sobre las mujeres del cuento.