Un artículo de:
Jesús Palacios
Publicado el:
2024-07-06

Carrusel deportivo

Crónicas reptilianas

CRÓNICAS REPTILIANAS

Redactadas por el agente Sobek

(alias humano: Jesús Palacios)

 

Parece ser que uno de los temas, si no el tema principal, alrededor del que gira esta edición de la Semana Negra, es el deporte. El deporte, como parte natural y sustancial de la cultura humana. Como pegamento social que vertebra, con su noble competitividad, el ideal clásico del mens sana in corpore sano, eliminando barreras de clase, raza, sexo, lengua o nacionalidad, para mostrarse como olímpica proeza elevadora de la más alta moral altruista, sin otro ánimo que el de llevar al ser humano a su máxima perfección. No sólo de libros vive el hombre, vendría a decir esta sutil elección de motivo celebrante para la Semana, sino también y sobre todo, de la armonía plástica y poética entre la actividad física corporal y su doble artístico espiritual.

Me parece muy bien. Porque, desde hace muchos siglos, los hijos de Dagon hemos comprendido y aprovechado esta extraña tendencia humana a la competición, al esfuerzo físico desmedido sin recompensa aparente alguna salvo el propio esfuerzo y el agotamiento que genera, potenciándola para transformarla en lo que es hoy: todo lo contrario. Infiltrados tiempo ha en todos los comités, organizaciones y clubes deportivos que en la historia terrícola son y han sido, hemos convertido, todo hay que decirlo, con suma facilidad, el mundo deportivo en una fuente inagotable de violencia,  angustias y tensiones, que operan sin embargo como sus aparentes contrarios.

En especial, el que llaman deporte rey, el noble deporte del balompié, ha sido de enorme utilidad para los fines de nuestros Arcontes. Por un lado, hemos reconducido a través suyo todo el odio que las distintas naciones humanas sienten entre sí, que no es poco, por más que lo disimulen o intenten disimularlo hipócritas, sublimándolo de tal manera que se evita el conflicto directo, pero permanece la desunión y competencia desleal entre todos ellos, propiciando nuestros fines de dominación mundial. Por otro, hemos corrompido tanto y tan profundamente sus prácticas e instituciones, que el fútbol se ha convertido en firme sostén de las oligarquías políticas y empresariales que están bajo nuestro control, desviando el capital de causas sociales que nos son perjudiciales (sanidad, educación, ciencia, desarrollo…) para dedicarlo al mantenimiento de una élite de jugadores selectos que, además, hacen las delicias de la población mundial, como si de nuevos héroes del pueblo se trataran. Solo que estos héroes populares en lugar de robar al rico para dar al pobre, dejan que el rico robe al pobre para dárselo a ellos.

El descubrimiento de que podíamos privar sin gran riesgo a la masa empobrecida de trabajadores humanos, explotados y emasculados, de cualquier derecho fundamental esencial, salvo del consistente en disfrutar del fútbol y todo lo que conlleva (mundiales, ligas, campeonatos…), empapados en alcohol, pintarrajeados, aullantes y enardecidos unos contra otros hasta el punto de llegar al fanatismo criminal, reunidos en enormes estadios de concentración, en tabernáculos cerveceros cochambrosos alrededor del televisor o apoltronados frente a la pantalla en su sillón, ha sido uno de los más felices para el Consejo de Orión y sus aliados.

Desde los ya lejanos tiempos en que los aztecas veneraban a nuestra Serpiente Emplumada jugando con las cabezas de sus prisioneros, hasta los ultras y hooligans de hoy, los atletas de élite enriquecidos antes de saber siquiera leer y escribir y los directivos mafiosos que manejan presupuestos propios de países enteros, lavando dinero sucio para ponerlo a nuestra disposición, los Anunnaki nos congratulamos por esta gran afición deportiva de los humanos. Cuando llegue la hora de sojuzgarlos por completo y sin piedad, esclavizándolos en lo más oscuro de las cavernales minas de los Deros, sabremos perfectamente qué hacer: celebrar y retransmitir un buen partido. ¡Qué fácil es marcar gol a los terrestres! Hisssss, Hisssss.