Publicado el:
2024-07-06

Literatura sobre las vías del tren

Todo ocurrió ante la estricta mirada de una gata atigrada, sentada ante el andén de una vía muerta, hierática como Alois Nebel viendo pasar los trenes en la maravillosa obra de Jaroslav Rudiš y Jaromír 99. Tenía razón ayer Javier Fernández, director del Museo del Ferrocarril de Gijón, en decir que el género negro tiene una extensa relación con los trenes. Una razón universal, porque son muchos los convoyes que transitan por las vías de la literatura, pero que se hace especialmente intensa aquí, en Gijón, y concretamente en este lugar que fue, hasta el año 1990, la Estación del Norte a la que dos años atrás había llegado el primer Tren Negro. Esta es la razón por la que Miguel Barrero, en su primera recepción ante las autoridades como director de la Semana Negra, decidió este año trasladar el evento al Museo.

En mala hora, eso sí: al tiempo que España vencía en la prórroga contra Alemania, si acaso pocos minutos más tarde, Javier Fernández desvelaba un secreto poco conocido de la que fue Estación del Norte. «Este espacio», contó, «acogió a los primeros feriantes, que dormían en estas mismas vías, cuando a esta zona aún no se la conocía como Poniente». A continuación, el Director General de Política Llingüística del Principado de Asturias, Antón García, recordó el Ítaca de Konstantínos Kaváfis para asemejar a la Semana Negra con un «viaxe de la cultura, la lliteratura y tamién la fiesta», una experiencia «fructífera pa toos» que también defendió Jesús Martínez Salvador«Toda España sabe que es un certamen de referencia», dijo el el concejal de Festejos del Ayuntamiento de Gijón justo antes de que la sala, al mandado de Barrero, obsequiase con un apretado aplauso a Ángel de la Calle, director saliente del certamen.

«Por aquí ha pasado la historia de la literatura durante más de tres décadas», afirmó, para finalizar su discurso (un recorrido por sus recuerdos en torno a aquellas primeras ediciones ‘semaneras’ que le acabarían llevando, frente a una máquina de escribir electrónica, a trazar sus primeros párrafos), Miguel Barrero. Desde esa primera Semana Negra sobre «un astillero en vías de desmantelación» han cambiado muchas cosas, y, como recordaba en ‘petit comité’ Fritz Glöckner antes de empezar el acto, cada vez más ausencias se van acumulando. Así es el devenir de la Historia; árido a veces, pero en progresión siempre. Que se lo pregunten, si no, a la gata atigrada que ya se despereza, ronroneante, ante un cúmulo de escritores y de autoridades subiéndose a un tren. Este, pieza de museo, ya no camina, pero podría contar muchas cosas. Así, firmes en el saber de dónde venimos, se inauguró oficialmente la XXXVII Semana Negra. Ya nos dirá el tiempo hacia dónde hemos de ir.