Un artículo de:
Olga Lobo
Publicado el:
2024-07-08

Y ahora, ¡cucarachas!

¿Quién anda por ahí?

Natalia había llamado a SEPRONA para que se encargaran de los erizos.  Era urgente despejar la salida bloqueada del aparcamiento y el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil estaba preparado para hacerlo, manteniendo la integridad de los animales, como Natalia había ordenado. No obstante, las circunstancias especiales estaban retrasando las actuaciones de todos los cuerpos y ellos no eran una excepción. Natalia había decidido entonces tomar el tren para llegar a tiempo a la reunión que tendría lugar en la Jefatura Superior de Oviedo; con suerte llegaría a tiempo, siempre y cuando unos y otros la dejaran alanzar el próximo tren, que salía en media hora y la dejaba en la estación del Norte, a pocos minutos a pie de la Jefatura.

Había que evitar que esto llegara a oídos de los medios estatales y el pánico cundiera definitivamente entre la población. Antes de abandonar el edificio en dirección a la estación, había prohibido terminantemente (o sea, había amenazado con cortar las pelotas de quien lo intentara) sacar los coches del estacionamiento. Ahora, Armando la llamaba porque necesitaba un vehículo. Desde el otro lado de la línea, se quejó de que seguían llegando denuncias de ciudadanos que habían encontrado cucarachas en el interior de las cajas de bombones de una conocida confitería y a Suárez le tocaba ir a tomar declaración a una señorona de rancio abolengo que vivía en un chalet de las afueras. Natalia le ordenó que cogiera una de las bicicletas que el Ayuntamiento había instalado a pocos metros de la DG.

—Pero ¿Cómo…? – Protestó Armando.

¡Pues con la tarjeta ciudadana, como todo el mundo! Sentenció Natalia antes de cortar airadamente la comunicación, dejando al agente con la palabra en la boca.

—¿Era Armando? —rio Lucía—. Joder, tía, que pesa más de cien kilos…

—Mejor me lo pones, el paseíto le vendrá divinamente.

¿Y eso de las cucarachas en los bombones?

 

Continuará…