Artistas y revoluciones a debate
Un ensayo sobre el hecho revolucionario a lo largo de la Historia volvió a traer al recinto de la Semana Negra, concretamente a la Carpa de la Palabra y a las 18 horas, a Pablo Batalla. Presentaba La ira azul junto al filósofo Juan Ponte, y lo hacía con pausa, brillantez y un importante trabajo de documentación y análisis detrás. Sostiene Batalla, en esta, su última obra, dos tesis: la primera, que un acontecimiento revolucionario no solo desordena, sino que pone un nuevo orden, y la segunda, que este no va contra el pasado, sino que lo resignifica. Para sostenerlo habló, por ejemplo, de la mentalidad del primer bolchevismo, que hizo de Henry Ford un prohombre por haber inventado los tractores con los que la condena de trabajar con el sudor de su frente quedó resuelta, y que entendía la revolución como un fenómeno ecuménico, consustancial a su sociedad.
«Cuando uno ve las revoluciones medievales, modernas, ve que todo estaba ya allí, que todo es contemporáneo», decía Batalla. De ahí, el subtítulo del libro: «el sueño de la revolucion es milenario».

«Hay todo tipo de detectives», dijo Alfonso Mateo-Sagasta al arrancar su presentación de El gabinete de las maravillas, junto a Rafa González y José Manuel Estébanez. Quienes hemos estado siguiendo esta Semana Negra, bien presencialmente, bien por medio de nuestro YouTube o bien a través de este A Quemarropa, lo saben bien. Así que, ya puestos a repetir, eligió repetir el suyo: Isidoro Montemayor es el protagonista de esta novela que gira en torno a «la fascinación de la monstruosidad» y los gabinetes de maravillas, el espacio donde los aristócratas de la Edad Moderna coleccionaban pintura, escultura, naturalia o incluso monstruos. «Todo lo que luego van a ser los museos«, aclaró. Algunos un poco más inquietantes, eso sí. Recordaba Mateo-Sagasta, por ejemplo, el polémico caso del ‘negro’ de Banyoles, o el español -han leído bien: un… señor español) que aún sigue disecado en el museo de Montbrison. «Se supone que debía ser o prisionero o exiliado de las guerras napoleónicas, se cayó del andamio y lo disecaron para un gabinete«. Con esas rocambolescas ternas, El gabinete de las maravillas se va al año 1614 para investigar el crimen del archivero de uno de esos gabinetes. ¿El arma del crimen? Un cuerno. ¿A que sorprende? Pues mejor sabrá.

La triste vida del boxeador José Manuel Urtáin salta a las páginas del último libro de Felipe de Luis Manero, Urtáin. Retrato de una época, presentado por José Manuel Estébanez. El guipuzcoano llegó a ser uno de los mayores ídolos de masas de su tiempo, y a amasar una fortuna que después liquidó hasta acabar decidiendo poner fin a su vida, presa de las deudas, en 1992. El contexto histórico de su tiempo es clave en esta biografía que, a su vez, es un retrato fiel del tiempo del que habla.


Moderada por la galerista Lucía Falcón, a las 19.30 comenzó la mesa redonda El estatuto del artista y los derechos culturales: implicaciones y desafíos, que contó con la presencia de Esther García, presidenta de la Asociación de Escritores de Asturias, y Jorge Fernández León, hoy consultor, que abordaron las diferentes problemáticas que afectan a los artistas: la compatibilidad de la jubilación con los emolumentos surgidos de actividades culturales; o los tipos de contratos y bajas laborales para luchar contra la intermitencia sin rendimientos económicos habitual en los artistas. El coloquio siguió una hora después, si bien en forma de una segunda mesa redonda titulada Pistas para evitar la parálisis cultural, y que contó con la presencia de Carmen Eva Pérez, Jorge Fernández León, Arlé Corte, Luis Pascual e Ignacio Ortega.

La figura poco conocida del escritor asturiano Guillermo López Hipkiss (1902-1957) fue la protagonista del último acto por hoy en la Palabra. El autor, que publicó una gran amalgama de novelas breves de género policiaco y aventuras, ha sido recuperado recientemente por la editorial Altolibros: ¡gracias!