HA SIDO UN PLACER
Miren ustedes p’allá arriba arriba. Miren qué maravilla, qué lujo el mío de haber contado con colaboradores de la talla de Xon de la Campa a lo largo de esta, mi primera y algo patosa aventura, de dirigir el primer AQ. De la Campa dibuja de sorpresa, a lo callandini, como un gato. Tienes un programa de radio, por ejemplo, y de repente te llega un correo y es Xon, que, sin decir nada, te ha hecho una tira cómica sobre la fusión de los Pumarines de Asturias (¿se han dado cuenta de qué cantidad de Pumarines tenemos a lo largo de nuestra montuna geografía? Háganlo, que se van a sorprender) O le atracas a mano armada, a él y a un puñado más de artistas de la editorial Radagast, para que te hagan un cuento a veinte manos y el día que le toca a él nos dedica a AQ este dibujo que podría ser, perfectamente, de portada.
Qué sería de la prensa sin colaboradores.
Y qué sin lectores.
También de este humilde decano de la prensa negra y de esta que les suscribe. Qué sería de mi sin ustedes. Digo ‘de mi’ pero en esta aventura hay que hablar en plural, porque, ahí donde nos ven, somos tres. Jesús Palacios y Rakel Suárez han estado toda esta Semana Negra dejándose los ojos y las orejas en el Espacio A Quemarropa para transmitirles todo lo que pasaba. Yo creo que lo hemos hecho bien. Que ha quedado ‘chévere’. No perfecto; nada lo es, pero sí resultón. Bueno, aquí está, sea como sea. Esta XXXVII Semana Negra se acaba y, con ella, también el AQ. Queda, tan solo, darles las gracias por las sonrisas; por su soporte y aguante, por seguir queriendo leer con pausa lo que acontece en este microcosmos de literatura y arte que es la SN. Se acaba, sí, y no les digo yo que no vaya a dar pena, que ya la está dando, y mucha (aunque también les digo que una buena siesta no nos va a venir nada mal). Pero mírenlo de esta manera: hoy no es el día en que se acaba la Semana Negra, no: es el día en el que ya quedan menos de 365 días para la próxima Semana Negra.
A por ella.
Agradecida y, por qué no decirlo, ahora que cae la noche y todos los gatos son pardos; ahora, que el agente Sobek anda deshaciéndose de la piel de su carcasa humana en la playa de Poniente; ahora, también, un poquito emocionada.
A rodar, a rodar; chau, chau.