Reflexionar para resistir

Con la amenaza del partido de España en el Mundial de fútbol pendiendo sobre nuestras cabezas, comenzó una nueva jornada en el Espacio AQ, arrancando con tintes tan reivindicativos como preocupantes, gracias a la mesa redonda organizada por Amnistía Internacional, en torno a un tema acuciante que está tomando un giro especialmente oscuro en los últimos tiempos: Protesta, represión y derechos humanos, ¿son compatibles?. Moderados por la periodista, escritora y poeta Virginia Gil Torrijos, además de activista de Amnistía Internacional, se sentaron a la mesa el periodista e investigador experto en racismo Youssef Ouled, impulsor de AlgoRace, proyecto que analiza el sesgo racial y racista de la Inteligencia Artificial, autor del libro La frontera de l´atzar (Jande); el portavoz de Amnistía Internacional en España Daniel Canales; Santiago Rodríguez, miembro de la Flotilla Libertad destino Gaza; y la joven activista pro-palestina Virginia Díez.
Entre todos pasaron revista a la manera en que se están articulando hoy las respuestas de la ley y el orden a protestas, manifestaciones y actos de reivindicación social, tanto los autorizados como aquellos otros al margen de normativas y permisos legales. Para Daniel Canales es obvio que se están endureciendo las medidas policiales contra protestas y manifestantes, criminalizando actividades tan justas como necesarias, aumentando las penas legales contra los detenidos, así como permitiendo a los representantes del orden un empleo desmedido de la fuerza para su represión. Por su parte, Ouled denunció el sesgo racista de buena parte de las fuerzas policiales y estamentos judiciales, cargadas de prejuicios que no se reconocen desde las altas instancias que podrían ponerles coto, permitiendo que el perfil racial de quienes se manifiestan o protestan influya en el trato que reciben a manos de policía, jueces y fuerzas del orden en general. Santiago Rodríguez aportó su experiencia personal en la Flotilla Libertad, detenida y represaliada por el ejército israelí, mientras Virginia Díez recordó su detención durante las protestas organizadas para exigir la salida de Israel de la Vuelta Ciclista a España. Un panorama bastante oscuro para el activismo social y humanitario, que no tiene visos inmediatos de mejorar, salvo que salgamos todos a la calle, sin importar lo que nos pueda pasar. Aquí, en el Espacio AQ, al menos, sí se puede protestar.

A continuación, dieron comienzo las habituales e insustituibles clases magistrales del Aula Semana Negra, en colaboración con la Universidad de Oviedo. En esta ocasión, Rubén Vega ofició como introductor del joven investigador universitario Miguel Fernández Turuelo, especializado en la historia del movimiento queer en general y en las disidencias sexuales y de género durante el franquismo en particular, autor del libro Invertidos, provincianos y maleantes. Disidencias sexogenéricas y peligrosidad social en el franquismo asturiano (Trabe). Con agilidad y rigor no exento de sus buenas dosis de sentido del humor e ironía, Turuelo nos habló de Delitos de robo y hurto debido a su aberración sexual. Homosexualidades peligrosas en el franquismo, abarcando no sólo el escenario asturiano sino el del territorio nacional en su conjunto, durante aquellos años nacional-católicos y carpetovetónicos en los que la homosexualidad era tanto una enfermedad como un vicio, además de un pecado y un crimen severamente penado por la ley. Especialmente, como quedó bien claro, si eras marica y pobre. Que a las ricas y famosas se les hacía la vista gorda.
Turuelo describió algunos casos particulares a lo largo y ancho de España, donde contrastaba enormemente la babilónica homosexualidad secreta de las grandes capitales del pecado, como Madrid y Barcelona, con la más discreta y organizada de ciudades de provincia como Zamora. Detalló los trucos y subterfugios que, a veces con éxito, a menudo inútilmente, utilizaban los amantes gay de ambos sexos para llevar a cabo sus encuentros. Pasó revista a los dislates legales que relacionaban homosexualidad con criminalidad, ligándola a robos, consumo de drogas y abusos de menores, donde se fundía y confundía a la víctima con el culpable y viceversa. Lo diferente que era la práctica del cruising en según que sitios, desde parques a sanitarios públicos pasando por cines y chabolas. Desfilaron personajes de la farándula, a quienes teatro y transformismo servían de excusa y coartada para portar pluma, como Rambal, travestí por excelencia del Gijón de la posguerra y su alegre barrio pescador de Cimadevilla (donde se pescaba todo tipo de peces), quien sin embargo no se libró de ser misteriosamente asesinado; o el genial Pierrot, Reina de la Noche de Barcelona y de Madrid (hoy diríamos Drag Queen), dibujante fantástico, introductor de Rocky Horror en España y colaborador de Terror Fantastic, que tantas veces diera con sus huesos en la cárcel a lo largo de los años de la represión. Él tuvo la última palabra, pues en un país donde mientras algunos y algunas lo pasaban en grande sin problema (véase César Manrique y sus amigos en Lanzarote, o los de Dalí en Cadaqués), otros y otras se atrincheraban en el armario para escapar de la policía, los juzgados y la cárcel, pues como solía decir Pierrot: “Un maricón pobre era un maricón y un maricón rico era un rico”.

Llegó después el momento para la novela histórica que no histérica, con la presentación de la premiada Santa Amaro (Trabe) de la historiadora, periodista, divulgadora y activista defensora del asturianu Arantza Margolles, quien también, por cierto, es la jefa de todo esto. O sea: directora de AQ. Presentada por su colega y amiga, la arqueóloga e investigadora Irene Faza, autora a su vez del libro La Tierra la Gallina (Trabe), entamaron ambas un más que rico y fructífero diálogo en torno a la que es primera obra de ficción de Margolles. Una novela que tiene su origen en una investigación genealógica sobre sus propios orígenes familiares, pero que va mucho más allá de esta, para trazar saltando en el tiempo y el espacio, la historia de la Abuela Xosefa, su desgraciado matrimonio en Brasil, su separación y retorno a tierras asturianas, amargada y marcada por sus malas experiencias. Hasta aquí, pareciera que la autora se limita a una nueva revisión histórica de la migración asturiana, incidiendo en el papel de la mujer y en los dramas familiares… Nada más lejos de la realidad fantástica que evoca también Santo Amaro, pues Margolles nos traslada, tirando del hilo de la Historia, hasta el Portugal del siglo XVI, conectando su pasado familiar con la fascinante leyenda del Rey Sebastián y su loco intento de conquista de Marruecos y su desaparición en la batalla de Alcazarquivir o de los Tres Reyes. Lo cotidiano y familiar, la pequeña historia de hombres y mujeres corrientes y molientes, se integra en la Historia con mayúscula y viceversa. Margolles, dejando de lado con esfuerzo pero también con alegría el rigor divulgador, nos narra una aventura intrahistórica, en varios tiempos y escenarios, con visos de leyenda, alrededor de su propia familia y de ese Rey Loco que no fuera de Baviera, sino de Portugal, pero quien como el Rey Arturo, igualmente cantado por juglares, ha de volver un día para salvar a su país cuando sea necesario. O eso dicen. Etimologías, santorales, viajes, cometas y fenómenos astrológicos, reyes y campesinos, desfilaron por la animada charla entre Irene Faza y Arantza Margolles, a quien podríamos estar escuchando hablar de historia y leyenda, de muyeres asturianas e indianos pobres, de batallas épicas y amores desgraciados toda la noche. Y no es que queramos hacerle la pelota, ojo. Es lo que hay.

Llegó entonces el tiempo de tenerle miedo al Tiempo. Se presentó a continuación el fascinante ensayo Cronofobia. El miedo al paso del tiempo, la aceleración, la nostalgia, la edad o la muerte (arpa), del periodista cultural, astrofísico y profesor de origen ovetense Sergio C. Fanjul, quien tuvo la suerte de ser presentado, ni más ni menos, que por la divina y diabólica al tiempo Beatriz Cepeda, más conocida por amigos y sobre todo enemigos como Perra de Satán. Juntos nos mostraron y demostraron que todos somos cronófobos, o sea: que tenemos miedo al Tiempo —o a los Tiempos varios—, casi todo el tiempo, ya sea en una u otra de sus manifestaciones, que nos rodean y atenazan restregándonos por la cara nuestra fecha de caducidad, además de nuestra falta de control sobre su paso. Fanjul explicó que sufre cronofobia desde los catorce años, algo poco habitual, pero que esta fobia, a diferencia de lo que le ocurre a Perra de Satán, quien sufre de fobia al mar y las profundidades, sin poder sumergirse nada más que hasta las tetas (como cualquier persona que haya leído a William Hope Hodgson puede comprender perfectamente y compartir), no le impide el desarrollo más o menos normal de sus actividades, personales y profesionales. Como, por ejemplo, escribir un libro sobre la Cronofobia.
Un ensayo que abarca desde el Tiempo en su sentido físico y metafísico, hasta los extraños tiempos que vivimos hoy bajo el yugo de internet y lo digital, capaces de abolir el futuro (no future, decía el punk y con razón) e incluso hasta la propia historia o el concepto de progreso. Tiempos nuevos, tiempos salvajes, cantaban Ilegales, pero tiempos donde uno ya no sabe ubicarse ni encontrarse, sin reloj y sin tiempo para mirarlo. Tiempos de nostalgia para todos, a derecha e izquierda, en los que lo más lógico sería ser antinatalistas como David Benatar o Thomas Ligotti, pero en los que al mismo tiempo seguimos manteniendo la esperanza en nuestros hijos (quien los tenga, claro). Tiempos en los que no ser cronófobo, como apuntó Fanjul, es ser un insensato. Ni presentistas, ni porsiempristas podrán escapar al implacable Cronos, al que todos rendiremos cuentas. Si no, tiempo al tiempo.

Finalizó la jornada en el espacio AQ con un encuentro alrededor de Los cuartos propios de la lliteratura asturiana (Trabe) —parafraseando a Virginia Woolf—, libro coordinado por el periodista, escritor, profesor y gestor cultural Inaciu Galán, que resume algo más de quince años de entrevistas y recopilación de opiniones de escritoras y escritores alrededor de la historia de la literatura en asturianu desde la perspectiva femenina, analizando el papel de la muyer a través de un diálogo en el que, replicado en vivo y en directo sobre la mesa de AQ, participaron Marta Mori, poeta y profesora, autora del prólogo del libro; la cantante, escritora, música y poeta nacida en Viveiro pero gijonesa hasta la médula Ana Lamela Rey; la joven y premiada escritora Blanca Inés Fernández Quintana, especialista en asturianu y cosplayer de pro; y la filóloga y profesora de la Universidad de Oviedo, Mercedes Ruisánchez, que acaba de publicar su primer poemario Camín de casa, Premio Fermín Coronas.
Todas ellas, junto al citado Inaciu Galán, recapitularon el contenido, el espíritu y el alma de un libro pionero, que subraya la importancia de la mirada y el estro de la muyer en la lliteratura n’asturianu. Y así, con una carpa prácticamente llena de público, pese a que se celebraba ya ese rito absurdo, falócrata, violento y reaccionario que es el Mundial de fútbol, con España jugando contra su vecina ibérica Portugal en un alarde de nacionalismo tan paradójico como patético, terminamos esta jornada de AQ. Con la esperanza de que algún día haya más gente escuchando poetas, escritores y escritoras, que mirando paisanos en calzoncillos pateando pelotas. Por soñar…