De Tina Modotti a las ‘txistorras’ de Urbizu

Una intensa documentación, que a la autora suele llevarle como mínimo un mes y muy gustosamente, se esconde tras No me dejes nunca, Wonder, de Cristina Higueras. Como buena autora de novela negra, ayer, a primera hora de la tarde e inaugurando la Carpa de la Palabra, le confesó a Miguel Rojo que tenía una red de profesionales de confianza a los que consultar para crear bases verosímiles, realistas. Aunque no tanto valor como para meterse en la deep web, ese sitio donde se encuentra lo peor, «cosas que una persona normal no se puede llegar a imaginar».
Más creíble, y con mucho, es que una actriz como Cristina Higueras se sumerja en la literatura. Ayer nos reconoció que ya había hecho sus pinitos hace muchos años, aunque dentro del humor, y que el paso a la novela negra fue tan natural como el que solo puede ocurrir en una lectora asidua de los clásicos como Raymond Chandler. Así empezó y ahora nos presenta ya su sexta novela, una trepidante trama con un paisaje privilegiado: la bellísima ciudad de Oporto y sus bodegas. Allí se va de luna de miel nuestra ya conocida Mónica Rojo, que pasa de inspectora a víctima cuando, durante la visita a unas bodegas de vino, su marido desaparece sin dejar rastro.
Una lectura más que recomendada porque, como nos recordó Rojo (el presentador, no la protagonista), «la literatura puede ser muchas cosas, pero no puede ser aburrida». Y este no es el caso de Higueras, se lo aseguramos. Por cierto: igual que el vinho verde, sus obras también tienen tiempo de maduración. Nueve meses, concretamente. «Yo siempre digo que son mis bebés». Y nosotras, agradecidas de que la familia ya sea más que numerosa.

El que ha decidido cortar por lo sano con la que hasta ahora era su familia de sangre, literalmente, es Jon Arretxe, «nuestro abertzale de la Semana Negra» según le definió Luis Artigue. Y es que el Vasco ha abandonado, esperemos que solo temporalmente (aunque él no esté del todo de acuerdo), al detective Touré para sorprendernos con Cerdos y amapolas. Salta, así, y en plena burbuja inmobiliaria, porque los vascos hacen lo que quieren, de la marginalidad de los barrios de Touré a lugares de elevada renta media. Arbizu o Donostia son ahora sus destinos; y el punto de partida un robo de txistorras.
Puro ‘txapela noir’, tal y como lo define Artigue, que va camino de ser pareja de hecho de Arretxe en esta Semana Negra. No me miren así: lo ha dicho él y el otro ha puesto sonrisa de complicidad, no culpen a la emisaria. Se referían a que suelen coincidir en todas las presentaciones, porque ya saben que el leonés siempre se queda con todo lo bueno. Pero vamos al meollo de la cuestión. Cerdos y amapolas surgió de la necesidad del autor de divertirse, después de la oscuridad en la que, durante años, tuvo que sumergirse siguiendo las huellas de Touré. Hacer algo divertido, un ‘txapela noir cien por cien’, con personajes de ocho apellidos vascos y que delinquen por puro vicio, nada de necesidad. Rondaban las 18.40 cuando Arretxe decidió ponernos los dientes largos con una larga y detallada descripción de las ponderadas txistorras de Urbizu. ¡Si es que hasta nos parecía que las podíamos oler! Mucho nos tiene que gustar Arretxe para seguir aquí sentados y no poner pies en polvorosa para hincarle el diente a una. Puro amor.

La presentación del segundo tomo de Memoria de la resistencia democrática asturiana por parte de Faustino Álvarez no pudo contar con uno de los editores del trabajo, Cristian Rangel, que aún así intervino, pero, eso sí, por delegación. Rangel dejó escritas para su lectura la biografía de varias de las personas antologadas en este tomo, como José Manuel Fernández Cabricano o Rafael Fernández, quien llegaría a ser presidente del Principado de Asturias. Uno y otro sufrieron ignominiosas vendettas que hicieron a Álvarez reflexionar, después de leerlas, que «stamos en la Semana Negra y estamos hablando de personas reales; no es novela, pero parece que estamos hablando de un mundo de ficción, tan cercano y tan reconocible para muchos que vivimos aquellos años».
La que sí estaba Lourdes Cueto Orviz, quien, junto a Aida Fuentes Concheso -que iba a venir, pero la ola de calor la retuvo en casa- la única informante que queda viva de todos cuantos hablaron para este libro editado por la Fundación José Barreiro. Cueto, sanitaria, llegó a la profesión como responsable de aprendizas por el llamado de Aida Fuentes cuando tenía 19 años. De ahí surgió toda una historia de resistencia en tiempos aciagos, vertebrada a través de la JOC. El posterior turno de preguntas volvió a poner sobre la mesa otras muchas historias que merece la pena recordar.

El templo infinito (Pez de Plata), de Lorenzo Ariza, contó como maestra de ceremonias con Natalia González, quien explicó que el autor es historiador y se nota: su libro nos lleva a la inauguración del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, es decir, hace dos semanas largas. ¿Les parece actual? Pues Ariza ya la tenía pensada en los años 90, cuando preparó una trama similar, vinculada a una fobia particular: odia la Sagrada Familia, considera que «es un abuso».
Por eso ahora la pone como escenario del crimen, o, mejor dicho, de la locura: un artista fracasado que decide hacer allí mismo una performance extrema en la que se suicidará. Dijo Ariza: «El mundo del arte tiene varias vertientes. Una es lo edulcorado, lo bonito… yo no lo puedo llamar arte. Y luego hay cosas ya muy extremas». ¿Pintaza? La tiene y con razón. A lo largo de la presentación se hicieron varias confesiones, como que Ariza, en vez de dejar dedicatorias al uso, hace dibujos. «No pongo ‘con cariño’, es que me es imposible». Aquí, de ‘cuqui’, nada: ni la Sagrada Familia, ni las frases hechas.

A las 20.30 horas llegó la hora de hablar del lenguaje asociado a la salud y enfermedad, con la presentación de la colección editorial HEAL en Humanidades Médicas y Medioambientales. Intervinieron Luz Mar González Arias, promotora del grupo de investigación en 2019, Máximo Aláez Corral, codirector de la editorial, la neurocirujana Patricia Barrio y el médico Daniel López Acuña. El grupo HEAL es el único en una universidad pública en España dedicado a la representación literaria, artística, social y cultural de la salud y/o de la enfermedad: de ahí lo de humanidades médicas. González Arias explicó que el origen de HEAL venía de combatir la «hegemonía de lo anglófono». «Había que publicar traducciones al español de textos fundacionales de las ciencias médicas», como el famoso ‘Representing Ophelia: Women, Madness and the Responsibilities of Feminist Criticism’ (1985) de Elaine Showalter. También hay ensayos propios en castellano, cuya primera publicación viene de la mano de Ricardo Menéndez Salmón, e híbridos como la obra de Patricia Barrio.

Llegamos al final con el mejor broche posible: la charla sobre Tina Modotti que, a cargo de Dulce Gallego, protagonizó el Transgresoras, un ciclo que, como explicó Gallego, llegó a la Semana Negra gracias a Ángel de la Calle, precisamente autor del cómic sobre la activista italiana. Así que no podía faltar aquí, sobremanera porque en nuestro pasillo de librerías está el puesto de Marco Navas, autor de unas magníficas miniaturas e diversos personajes entre los cuales también está ella.
Nuestra Dulce trazó un retrato muy poderoso sobre Modotti, que llegó a Estados Unidos en 1913 y pasó a vivir en Hollywood dos años después, donde haría varios documentales antes de convertirse en pionera del fotoperiodismo social. Murió joven, pero fue imprescindible. Si quieren aproximarse a su figura, el cómic de Ángel de la Calle -que estuvo a la venta durante la charla en el puesto aledaño- será una buena opción.