¿Qué hace un tipo como yo en un lugar como este?
La primera vez que participé en la Semana Negra fue en el año 2009. Yo había publicado unos meses antes mi primera novela, una novela negra de época, y me hacía especial ilusión acudir a Gijón con ella. Lo que no tenía tan claro era que me fueran a invitar, ya que era nuevo en esto de la novela negra y tenía, además, un carácter bastante retraído. En mi ingenuidad, hasta llegué a pensar que, para que me invitaran, tendría que hacer algún mérito de carácter delictivo o prestar algún servicio a la trama criminal que lo organizaba. De modo que estuve varias semanas impaciente esperando que me llegara un mensaje o sonara el teléfono móvil. Hasta que un día me llamó Paco Ignacio Taibo II.
—¿Te apetecería venir a la Semana Negra? —me preguntó.
—Por supuesto. ¿A quién hay que matar? —le contesté yo sin pensar.
—De momento a nadie —me dijo él, sorprendido—. ¿Cuento contigo?
—¿Para cargarme a alguien?
—No, para la Semana Negra.
—Sí, sí, claro.
Y allá que me fui. Como profesor de universidad, yo estaba acostumbrado a acudir a congresos, jornadas, seminarios…, eventos literarios muy aburridos que no interesaban a nadie y en los que nos despellejábamos unos a otros. Pero la Semana Negra no tenía nada que ver con aquello, la Semana Negra era una fiesta a la que no le faltaba un detalle: un tren negro, música en directo, chiringuitos de todos los colores, atracciones varias, mercadillos, playas, ambiente portuario, público variopinto…, pero ¡si hasta había una noria! Y, en medio de todo ello, varias carpas blancas en las que se presentaban y se firmaban libros, se hablaba de esto y de aquello, surgían proyectos, se hacían homenajes… Y luego estaban las animadas comidas y las interminables tertulias en el Don Manuel, los autores que iban y venían, los periodistas tomaban nota, la gente de todo tipo que pasaba por allí… Lo único que le faltaba era un buen asesinato que le diera algo de misterio y tensión.
Desde entonces, he vuelto todos los años, salvo el de la pandemia, con una novela nueva bajo el brazo. He sido presentador, he sido presentado, componente de mesa redonda, finalista de varios premios, jurado del Spartaco…; ya solo me falta ser sicario o asesino a sueldo para la organización. De hecho, siempre acudo con la esperanza de que por fin ese año Miguel Barrero, il capo di tutto questo, me encargue liquidar a alguien, por ejemplo, a un autor, pues, sinceramente, creo que, en esto de la novela negra, hay mucha competencia, quiero decir que somos demasiados, somos tantos que lo mejor sería hacer una buena escabechina, y no se me ocurre mejor sitio para ello que la Semana Negra, que por fin haría honor a su nombre. A ver si esta vez me animo.