Literatura metida en la sangre

Arantza Margolles Beran

Arantza Margolles Beran

2026-07-08

Bien podría decirse que la tarde en la Carpa del Encuentro se inició con el muy español dicho de que éramos pocos y parió la abuela. Y es que la presentación del libro colectivo Asturias negra y criminal (Masmadera) colapsó no solo la carpa en sí sino también la mesa, con la presencia de ni más ni menos que siete autores y autoras. Son (somos) 39 en total, ahí es nada, quienes para Luis Artigue, incombustible amigo de esta Semana Negra tal y como estamos a punto de ver, continúan (¡continuamos!) por el sendero, tan defendido por nuestro certamen-fiesta, de la «literatura sin solemnidad, la literatura de género, la literatura muy alternativa». Por eso, el mejor para arrancar era  Jesús Palacios, compañero de mantras en este AQ y, en lo que nos toca, autor del epílogo del libro pero el primero en hablar. Palacios se autopercibió como asturiano, lo cual dice él que explica que participe en el libro.

Creemos nosotros, y también Virginia Gil Torrijos (que lo citó literalmente, ahí es nada) que más bien será cuestión de talento, pero ya conocen a Palacios. Gil presentó la asociación cultural Alternativas, que está detrás de la editorial Masmadera y de este lío maravilloso en que metieron a autores de lo más variado. Por ejemplo, Berta Piñán, que quiso centrar su relato en ese «mediu rural que produz una serie de conflictos de güei y d’enantes». Aclaró después Pilar Sánchez Vicente, después de dejar claro que quienes aquí escribimos lo hemos hecho «por verdadera vocación, polo muncho que nos presta» y, desde luego, no por hacernos millonarios. Su ‘crimen’, literariamente hablando, hace mudarse a Julio Iglesias al Naranco por una curiosa historia (Virginia Gil le pidió el relato estando de fiestas, y la simpar Pilar lo oyó todo, menos que había que ambientarlo en Asturias). Siempre reivindicativa, afeó que solo fuéramos doce las mujeres que escriben en Asturias negra y criminal.

Xuan Cándano tuvo unas palabras de aliento para Esther García, que iba a participar en esta Semana Negra en diversos actos pero que actualmente se encuentra volando a Santo Domingo por la devastadora noticia de la muerte de su hijo Ernesto Paredano. Un fuerte abrazo, Esther. Cándano, como no podía ser de otra manera, cuenta el caso (real) de Xilo, la víctima de un crimen que apareció en la playa que hoy lleva el mismo nombre. Parecía que ya acabábamos, pero hubo sorpresa: Virginia GIl llamó al estrado a ¡tres! autores más. Y no lo verán en el ‘streaming’, pero al acabar David Suarón se arrancó por soleares y hasta recitó. ¿Quién da más?


Pues, por ejemplo, Carlos Quílez, periodista de crónica negra y autor de libros como Mala vida, que fue premio Rodolfo Walsh en 2009 y a quien Luis Artigue, que ni se bajó de la mesa, preguntó qué tal le iba con la España de hoy. «Me va muy bien porque vamos muy mal», respondió Quílez. Y es que vivimos en tiempos de concatenación de crímenes, de expansión de la violencia de género, las agresiones sexuales y el lenguaje de la violencia.

Y de todo eso él sabe un poco, porque son ya más de 500 juicios los que ha cubierto para la prensa. Pasando a la concreción, el periodista afirma que nunca presenció ignominia semejante a la ocurrida con el caso de Rosa Peral, la guardia urbana: que se pusiera el foco, de un modo insidioso, en el comportamiento sexual de la víctima. Hasta llegó a publicarse un titular en que se sugería que «Rosa Peral ha seducido a Carlos Quílez», por las visitas -más de 25- que el periodista le hizo en la cárcel. A Rosa Peral se la juzgó más por su conducta sexual que por el asesinato de su marido, con el prejuicio, ampliado por una prensa que antes de enjuiciarse el caso ya trasladó la idea «de una Mata Hari, una vampiresa, la Viuda Negra, ‘puta muy puta'». Eso sí: a ningún hombre se le preguntó por su vida sexual en el juicio.

Así andamos. Por poner el contrapunto, otro caso sonado, el de Dani Alves, «me obliga a ser políticamente muy incorrecto», dijo Quílez. «Ser un baboso, ser un tipo mierdoso, ser un tipo grosero, es repugnante, pero no está en el Código Penal, nos guste o no», explicaba. Y es que el periodista, aunque muy situado con las causas militantes, es, ante todo, objetivo. Se habló de todo ayer; hasta de la novela cancelada de Luisge Martín sobre el caso Bretón. La crónica negra como reflexión de la realidad: así es.


Como a estas alturas Luis Artigue ya iba de doblete, en su tercera presentación de la tarde llegó sin aliento. Normal. Menos mal que en la Carpa del Encuentro se proyecta siempre un breve anuncio (de algo hay que comer) que da respiro. Así que no hubo problemas para presentar a Mariano Sánchez Soler, miembro de la generación más clásica de la Semana Negra, esa que estaba ya empoderando la literatura de género cuando por no existir no existía ni este certamen. Bien podríamos llamarlos, digo yo, los de la Proto Semana Negra.

O algo así. La cosa es que Mariano, muy habitual nuestro, en esta ocasión viene para presentar la reedición ampliada de La familia Franco, S.A..  Una obra no sabemos si historiográfica o de crónica negra -interesante debate el planteado por Artigue-, pero desde luego necesaria, porque sigue el rastro del origen de la fortuna de la familia del dictador. Y han leído bien: de la familia, no del Generalísimo o el Generalín, novedad esta con respecto al resto de libros sobre Franco. Puestos de dirección en hasta 52 empresas llegaron a repartirse entre los miembros de la familia del dictador, casi una trama de novela negra.

¿Lo es? Mariano Sánchez Soler quería eludir el tema, pero Artigue, experto en picotear, insistió tanto que el autor acabó respondiendo, airadamente, que las investigaciones también se podían, y debían, escribir bien. ¡Pues claro! «Yo se escribir y se estructurar una historia, yo hago este libro para que ustedes lo lean». Natural. Vamos, que no hace ficción, ni falta que le hace: «La realidad me da tanta materia, he tenido tantas fuentes para escribir, que no he necesitado hacer ficción», nos contaba quien ha sido denunciado varias veces, sin éxito, por Francis Franco. Él le quita hierro: «Eso forma parte de rock and roll». Muevan las caderas conmigo: You ain’t nothing but a hounddog! Así es este país.


El ambiente asfixiante de un pueblo en fiestas durante una noche de mucho calor (la del 15 de agosto, pero no son los Fuegos) y en algún momento de los años 80, vertebra Los incendios (Alianza), la novela de Marian Peyró, que ayer presentó junto a Fernando Clemot justo en el momento en que la lluvia se intensificó, vaya por Dios y por la coincidencia, y quienes no habíamos llevado chaqueta, confiadas en la ola de calor, nos acordamos de todos los santos del martirologio romano. Pero como quiera que la literatura reconforta,  no nos importó mucho y acabamos quedándonos absortos con la sonriente, sonrientísima Peyró.

La autora explicó que sus incendios no son solo físicos, sino los mentales que hay en cada personaje de la novela. El lugar es real, pero las personas no. Desentraña Peyró el complejo mundo de la adolescencia a través del joven Paco, «situado muy en los límites de la normalidad», y de Cristina, quien, a pesar de sus 16 años, guarda muchos cadáveres en el armario de su pasado. ¿A que apetece?  Pues imagínense nosotros, los presentes,  que encima pudimos disfrutar de un fragmento de la novela. La miel en los labios. 


El juicio por las responsabilidades del naufragio de un pesquero en aguas canadienses, y la muerte en extrañas circunstancias del dueño del conglomerado empresarial propietario del buque, es el punto de partida para El balanceo del Alacrán (Destino), en la que Eduardo Fernán-López combina realidad -la desaparición, a 259 millas de Terranova, del pesquero Villa de Pitanxo- con ficción. Presentado por Paula Martínez, la novela parte de la recopilación de testimonios reales para realzar, por medio de la ficción, la frialdad con la que suele narrarse un caso que tuvo como resultado 22 víctimas mortales.

La historia oculta, no habrá sorpresa, un gran número de irregularidades. Trabajadores próximos a la jubilación en trabajos de enorme esfuerzo físico, pagos en negro y el arrinconamiento de las víctimas por parte de la gran empresa tras el accidente han hecho que este libro, que no pretendía ser documental, haya sido acogido por las familias de las víctimas como un homenaje a sus muertos, en un momento en que el silenciamiento impedía su duelo. Una novela, sí, pero también un acto de justicia.


Finalizó la noche con el conversatorio de Mariano Sánchez Soler, Luis Artigue y Paco Gómez Escribano con José Luis Muñoz, multipremiado, multitraducido y multileído autor cuyas primeras obras fueron publicadas en la editorial Júcar, tan vinculada a esta Semana Negra, a Silverio Cañada y a Paco Ignacio Taibo II. «La serie Etiqueta Negra hizo una difusión de la novela negra extraordinaria,con más de 200 títulos publicados», dijo antes de recordar las farras, las lecturas y el ambiente pleno de la I Semana Negra, un hito histórico que todos en la mesa recuerdan (menos Artigue, que era un chaval). «Fue una vorágine, no sabías muy bien lo que estaba pasando», recordó Sánchez Soler, amigo desde aquella primera edición de Muñoz.

«Hay gente que escribe y hay escritores, gente que tiene la literatura metida irreversiblemente en la sangre. ¿Por qué escribes?, preguntan algunos. Y tú, ¿por qué respiras, idiota?». Genio y figura, pero sobre todo lo primero,nuestro Mariano. Más nihilista fue Gómez Escribano, quien confesó que «cada vez me van llamando menos maestro y es normal, al final tiene que haber un asesinato; matar al padre». Ajeno al desánimo, Muñoz, a quien nunca han faltado redaños (recordó Escribano cuando escribía sobre ETA en tiempos en que eso era impensable), nos adelantó que está escribiendo una novela que será polémica porque toca las cabezas de ciertas vacas sagradas del mundo periodística. Pues aquí, en la Semana Negra, tendrá su sitio. Si no ocurre nada antes, porque, a tenor del golpetazo con el que Carlos Salem casi nos mata de un susto a Mariano Sánchez Soler tirándole sobre la mesa un ejemplar del libro con el que sus amigos hicieron llorar a Muñoz, El corredor de fondo (Bohodón Ediciones), aquí puede pasar de todo, de todo y de todo. Pero ya mañana, que ahora toca descansar.