Del Antroxu a la inclusión; de Gerda Taro al ‘noir’

Fuera de plano (Roca Editorial), de Jesús Boluda del Toro, (actual director de la Feria del Libro de Murcia), abrió la tarde en la Carpa de la Palabra, felizmente acompañado de nuestra Bea Rato, que por motivos profesionales no había podido acercarse a la Semana Negra hasta hoy. Hechas las presentaciones, al toro -nunca mejor dicho-: Fuera de plano es una novela que aborda las segundas oportunidades y el amarillismo periodístico por medio de las conexiones entre el inspector Sergio Planes y Juan Cu, uno de los criminales que ayudó a apresar y que cree haber descubierto el secreto detrás de los macabros crímenes de un asesino que convierte sus asesinatos en escenas de cine. Una trama que le viene que ni pintado a un autor que es cinéfilo confeso, y así lo demuestra en su novela, donde se desgranan muchas novelas del cine clásico. Lamentaba, sin embargo, Boluda, haber tenido que quitar «muchas referencias a películas que a mi me gustaban mucho», como las de Berlanga, que no encajaban en la historia.
A partir de eso, como en toda novela negra, llega la crítica social. Y es que como recalcó Boluda ayer, por desgracia, «el periodismo que tenemos hoy en día, la libertad de prensa… es la voluntad del dueño de la imprenta»– Es de esta forma que Patricia Santamaria, uno de los personajes principales, ‘amarillea’ las noticias cotidianas para buscar la notoriedad. «Periodistas de razas hay muy poquitos», dijo. «El que quiere contar la noticia de verdad probablemente se encuentre con que el dueño del medio lo aparte». Malos tiempos para la verdad y la información, pero no se preocupen: aún quedan últimos mohicanos; y uno de ellos está a punto de subirse al escenario.

Nos referimos, por supuesto, a Fernando Olmeda, cara muy conocida por haber sido durante mucho años presentador de los informativos de Telecinco. Ha venido a presentar, junto a la que suscribe, su Gerda Taro. Fotógrafa en la guerra de España (Libros del K.O.), donde desgrana los cinco viajes que hizo la fotógrafa a España durante la guerra civil, en el último de los cuales encontrará la muerte. Olmeda nos había visitado por última vez con Mexique en 2021, y ahora lo hace con un libro difícil de clasificar (¿es sobre la guerra? ¿de historia de la fotografía? ¿una biografía, un ensayo, una novela? ¡Usted decide!), pero, desde luego, apto para todos los públicos.
Olmeda reivindica una Gerda Taro que a lo largo de sus últimos años buscó denodadamente un lugar propio en la historia. Tristemente, durante muchos años después de su muerte aún seguiría siendo considerada simplemente la mujer de Robert Capa. En 2007, precisamente el año en que Olmeda se convirtió en el primer biógrafo español de Gerda Taro, pocos meses después de publicarse el libro «se encuentra la famosa maleta mexicana, que cambia por completo la historia de la fotografía y la percepción, porque de repente empezamos a descubrir que muchas de las fotos de Robert Capa las había hecho ella». Aquella valiosísima valija contenía más de tres mil negativos hechos por la pareja.
Con el estilazo del mejor divulgador, Olmeda conquistó a los presentes, especialmente cuando se comprometió a solucionar el lío con los seudónimos Taro y Capa «para que, cuando lo veáis en Google, digáis: ‘¡mal!’» Allá va la cuestión: la pareja de Endre Friedmann y Gerda Pohorylle inventaron un falso fotógrafo americano llamado Robert Capa para vehicular, de tan exótica manera, la venta de fotografías. Consiguieron, así, la fama, hasta que Gerda Taro (ahora bajo este seudónimo) decidió volar sola. De lo que se contó después solo podrá responsabilizarse a quienes contaron la historia. «Era una mujer comprometida, valiente, que dijo ‘no a la guerra’», dijo Olmeda al final, en un cierre brillante que conectó al mito con las «Gerda Taro de hoy: la gente, joven y no joven, que están diciendo ‘no a la guerra’». Se fue a firmar, agotó los libros de la caseta; agotó los que quedaban en las librerías, y hubo quien, por desgracia, se quedó sin él. Éxito total.

No les habíamos contado que en la escasa media hora que duró la presentación de Olmeda el cielo giró su color, se puso el disfraz de tormenta y la lluvia, que duraría aún un tiempo considerable, hizo acto de escena. Ya decíamos nosotros que raro sería una Semana Negra en la que no lloviera ni un solo día. Igual que sería extraño, extrañísimo, imaginarnos un Xixón sin antroxu. Y esa, precisamente, fue la temática de la mesa redonda El antroxu: la ciudadanía crítica a través de la celebración, moderada por Paula Vicente, quien definió esta fiesta como «memoria, resistencia y democracia». Ya saben que el Carnaval se prohibió en España oficialmente durante el franquismo, donde «celebrar era un acto de resistencia» que se tenía que hacer desde la clandestinidad. Una vez vuelta la democracia, Xixón fue una de las ciudades pioneras a la hora de recuperar la fiesta popular, hasta el punto de haberse convertido hoy en una de las citas imprescindibles de la ciudad.
Interesante tema este del que habló también, en un discurso trufado de anécdotas personales de su infancia en Mieres, Francisco ‘Tatis’ Villaverde, que era concejal de la corporación que recuperó la fiesta para la ciudad. «Aquellos años, como era poques perres, era todo muy colectivo, muy asociativo», recordaba: en 1981 hicieron una convocatoria para hacer un baile de disfraces con fecha fijada para la semana siguiente al golpe de estado. En la memoria de aquel día queda la imagen de Boni, del Café Gijón, «con un caballo de cartón y un sombrero de guardia civil asaltando, rememorando el golpe de estado». Subversión pura, que para eso es el Carnaval.
Por su parte, el primer Antroxu de Cristina Jareño como programadora de festejos del Ayuntamiento gijonés fue hace 32 años, «en la Plaza Mayor, con una tarima horrorosa donde los concursantes se caían por detrás». «El Antroxu no se acaba nunca de preparar», confesaba. Hoy en día, en Xixón hay record de charangas, tanto que también intervino un representante por ellas. Miguel Ángel González definió a la charanga como «un grupu d’amigos que se xunten pol bien común» Tan sencillo y, a la vez, tan importante. «Pa una charanga, l’Antroxu son 365 díes… con suerte». Ya lo decía Celia Cruz: no hay que llorar, que la vida es un Carnaval… Porque sigamos riéndonos toda la vida.

El estadounidense (de Ohio) David Knutson presentó, a continuación, a Francisco Castro con La oración del mal (Roca). En ella, una novicia de apenas dieciocho años aparece asesinada en el convento de Vigo en el que había ingresado hace solo una semana. Las investigaciones desembocarán en ciertos descubrimientos que hacen temer que la víctima no estaba allí por vocación. Se trata, desde luego, de una trama interesante, quizás incluso chocante. Y, por supuesto, con trasfondo, o, mejor dicho, según nos contó Knutson, dos: «La novela tiene dos fondos», dijo. «Por una parte, una es un cura del Opus Dei, en las estructuras del poder, al que le gusta más el dinero que el cuidado de las almas; y, por otro, las terapias de conversión de la homosexualidad». Unas prácticas que planean prohibirse en España -el debate fue hace un par de semanas-, aunque con la abstención de los que ustedes ya saben. Por ahí van lo tiros. ¡Lean, lean!

Como todos los años (y van tres), los componentes del proyecto TBO Berde#3. tuvieron la oportunidad de presentarlo en la Carpa de la Palabra. Lo hicieron con la presencia de Carol Medina, dibujante de cómic y coordinadora del taller; Andrés González, uno de los autores, y Marco Luengo, del Servicio de Continuidad de la Atención. La presentación se inició con un emotivo vídeo y siguió en un coloquio en el que se desgranaron las ideas principales del taller de cómic del proyecto Berde, que por medio del arte y la transformación social trata de generar espacios de creación y expresión artística para personas con diversidad funcional y/o psicosocial.
Este año, después de varios años haciendo una antología de historietas, se han lanzado a hacer un cómic colectivo, explicaba Carol Medina. No había guion, solo viñetas que pautasen la página en blanco. De ahí ha surgido una preciosa historia que, como explicaba Andrés González, le ha permitido mostrar al mundo su gran pasión: dibujar. «Me apasiona construir sociedades, naciones modernas con industria, economías globalizadas; estoy construyendo una parodia de sociedad de estado que se llama Strea». ¿Surgirán nuevas obras de esta iniciativa? Ojalá, ¡estamos deseando verlas!