La carpa del Encuentro, a reventar

Llenazo absoluto, por muy día de playa que estuviera e incluso una hora antes del inicio de la actividad en el resto de carpas, para Alfonso Zapico y Aitana Castaño, partners in crime ya por partida triple con Carboneras, Los niños de humo y ahora, Las Madrinas, publicadas por Pez de Plata. Les acompañaba su editor, Jorge Salvador, armado con un boli de Hunosa (¡cómo cuida esta editorial los detalles!). El fabuloso mènage a trois trató de desvelar cómo se vendía humo. No me sean malpensados, que no nos referimos a la frase hecha. Aquí se vende humo… del de verdad. «Viene de la reivindicación que se hace de la memoria del humo, del trabajo, de las minas»…, explicó Zapico. Sí, pero Aitana aclaró, a continuación, que «los créditos de ‘ser de humo’ nun son míos, son de un paisanu de Ablaña del que nun recuerdo el nombre». Resultó ser que hace muchos años una exposición de fotos del Vasco llevó a Castaño, por entonces periodista de informativos, a conocer a un hombre que le dijo que de niño, al llegar al Seminario, un cura le decía siempre que «ya taben aquí los de Mieres, porque güel todo a humo». ¿Podríamos inferir, entonces, que en la obra de la mismísima Aitana Castaño está influenciada por un señor cura? ¡Sorpresas te da la vida!
«Lo que quiere Aitana al contar las historias es explicarse a sí misma», contó Zapico, no solo ilustrador sino también amigo de la autora, aunque no todo lo que contaban era siempre agradable. Imposible pretender lo contrario cuando se habla desde unas Cuencas forjadas a hierro, sangre y, por supuesto, también a humo. Pero ojo: no encontrará nada en esta trilogía quien busque una romantización de la minería. Para narrar las Cuencas, dice Castaño, es importante «que la épica no pueda contigo. Si haces algo en que todos los mineros sean buenísimos, estarías faltando a la verdad». Clara como el agua, Aitana sorprendió a propios extraños cuando al final de la charla, sobrando apenas tres minutos, se arrancó a cantar con un vozarrón de los que quitan el hipo. ¿Deberíamos comenzar ya a considerarla La más grande de Asturias? Pruebas las tenemos de sobra; dudas, ninguna.

Ya que güei esta de vustedes-y dedica la editorial d’A Quemarropa a los neoloxismos, vamos allá con unu un tanto raru: el de cronicar. Voi usalo pa desplicar que, como na Semana Negra too’l mundiu acaba sabiendo facer de too (llámenlo supervivencia) de xemes en cuando ocurre que una tien de cronicarse a sí mesma. Y ye que güei foi un día de llocos en L’Arbeyal, de esos que pasan tan ceo que nin repares nel tiempu. Na mesa Caso Rambal. 50 años después taba previstu que tuviéremos cuatro persones: Pablo Antón Marín Estrada, autor de La ciudá encarnada, Huga Montes, autora de la recién galardonada col premiu Asturias Joven de testos teatrales con Rambalín; yo mesma, Arantza Margolles, y la polifacética Pilar Sánchez Vicente. Bien: too s’esbarrumbó en pocos minutos. Pilar nun podía venir, Palacios nun podía sustituyime nesta xera de cronicar la mesa, y asina ye que-yos doi la esplicación debida de por qué vaya yo a cronicame como a cualesquiera estraña. Ehí vamos. Por Rambal.
Entamó la charra con un llenu total na Carpa del Encuentru. Rambal, equí toos te conocen: dalgunos cuntaríennos dempués que te trataron, otros únicamente sintieron falar de ti. Fízose mediu sieglu n’abril del asesinatu d’Alberto Alonso Blanco, muertu a puñalaes por dalguien que la so identidá sigue siendo tovía un misteriu, nun casu que tovía respiga nel barriu altu xixonés. Ye esi el por qué d’esta charra qu’entamó con Margolles falando del contestu y de cómo na so casa siempres se sintió falar d’Alonso Blanco. «El mio güelu, xixonesón de Bajovilla, conservador nel so tiempu, siempres lo describía como ‘un maricón, pero mui buena persona‘». Caso asemeyáu foi el de Pablo Antón Marín Estrada, que primeru quiso esclariar que «yo uve la mala fortuna de dicir que yera dalgo que me resonare a la hora d’escribir la historia, y eso ye un sambenito que me lleva acompañando dende entós y convirtiéndome nun espertu en Rambal, que nun lo soi», too al rodiu de la so novela La ciudá encarnada, que, defechu, nin siquier se desencolca nel Xixón de los 70 .
¿Y cómo conoció a Rambal? De siempres. «Yo soi de Llangréu, pero equi tenía los mios güelos y el mio padre estudiare en Xixón. Recuerdo tar oyendo el parte na radio, y cómo mio padre, que nun yera nada mal habláu, dixo al sentir la noticia: ‘¡Hostia! Yera una buenísima persona’». Por contra, Huga Montes reconoció nun tener conocíu a Rambal hasta sentir la canción de Rodrigo Cuevas, tan ‘mainstream’. Tanto nos da, porque Montes, pa contrarrestar el fechu de que tantes vegaes se venceye al colectivu LGTBIQ+ «histories atravesaes pola traxedia, pola muerte y pola desgracia». Por eso la so obra trata de falar de la vida, más que de la muerte, de Rambal, cuya historia fizo posible que «xente como yo pudiéremos esistir ensin tanta dificultá». Foi l’iniciu esti d’una mesa que reivindicó la figura de Rambal y el redimensionamientu de la so figura pa illustrar tantos otros casos güei escaecidos y concienciar sobre lo que vaya venir. Que ye munchu. Hasta siempres, Rambal.

Diez años ya de la editorial AdN, que se dice pronto. Que estábamos de celebración de cumpleaños nos lo anunció el jefe de todo esto, Miguel Barrero, en la breve introducción a la presentación de Una fábula sueca. Y como buen cumpleaños, había también una sorpresa que dar: la creación de la nueva colección ADNoir, la cual, por medio de novelas como la de Díez, que es la primera de promete hacernos pensar. Que es, además de entretener, de lo que realmente va esto. Hechas las presentaciones y dadas las buenas nuevas, arrancamos. El granadino Nicolás Díez se documentó mucho para su novela Una fábula sueca (AdN), que presentó en la Carpa del Encuentro acompañado, aparte de por Barrero, por Fernando Paz, editor de AdN.
En la novela, una cónsul sueca aprecia ciertas irregularidades en el discurso de dos mujeres que acuden a su oficina para renovar el pasaporte de su padre. Una trama basada en un caso real, ocurrido hace unas tres décadas, que le sirve al autor para denunciar, tal y como nos contó, que «gran parte de las negligencias que llevaron a crear un mundo oscuro en la Granada de los años 90 fue por irresponsabilidad de las instituciones». Hoy, en un «mundo extremadamente fraccionado, cada vez más», el género negro, ese que sale a la calle y se atreve a pisar el barro, es absolutamente necesario. Para, por ejemplo, saber que «las personas a las que llamamos monstruos no brotan del miedo, brotan del dolor». También las protagonistas de Díez, que nos dijo que «me encantaría saber del lector, al cerrar el libro, detrás de todo este entramado de asco, si es capaz de sentir compasión por ellas». Ya nos contarán ustedes.

A las 19:30 horas llegó el turno de Kuklinski (Siruela), de Ernesto Mallo, quien, presentado por David Knutson, nos explicó que su novela nos lleva a la Nueva Jersey de los años 70 para contarnos la historia salvaje de Richard Kuklinski (1935-2006). Autor, según su propia confesión, de entre 100 y 200 asesinatos (aunque solo se le juzgó por trece), se crió en un ambiente de malos tratos extremos que, tal vez, le predispuso a la criminalidad, ya que, como nos dijo ayer el autor, «si no tienes la capacidad de amar, tienes grandes posibilidades de poder atacar y herir». Es tan importante el amor.
Nos confesaría Mallo, con la confianza que otorga… una Carpa del Encuentro llena hasta los topes, la verdad, porque esa fue una constante durante toda la tarde, que «en todas mis novelas pongo un cura malo, con la esperanza de que me lo prohiban». Pero ni modo (y, para nosotros, mejor). La maldad de Kuklinski llegaba a que, para evitar que los forenses pudieran determinar la fecha de la muerte de sus víctimas, congelase sus cadáveres primero, dejando pasar el tiempo para ponerlos a la intemperie después. No les contamos más, porque lo hace mucho mejor Ernesto Mallo. El horror está ahí afuera.

Repite, sin miedo alguno, sobre el escenario David Knutson para presentar a Paco Gómez Escribano con su Fondo buitre (Alrevés). Y no de cualquier manera, porque sin que nadie lo esperase Knutson se sacó de la manga dos latas de cerveza con las que uno y otro brindaron a la salud del público. El calor pedía refrescarse, y una vez hecho entramos en el lío: Gómez Escribano nos habla, en su novela, de la gentrificación del barrio de Canillejas por medio de una trama en la que un fondo buitre trata de comprar el edificio en el que vive El Botas. Este personaje, que ya habíamos conocido en Yonqui, junto a otros habituales de la obra de Escribano, tomará su particular (e ilegal) iniciativa contra la operación.
Ocurre en la más pura realidad, comentaba Escribano, que «Canillejas pensábamos que era una mierda pinchada en un palo, pero se ha convertido en una zona estratégica que han llenado de hoteles. Al lado del Metropolitano quieren hacer ahora la piscina de olas más grande del mundo». El barrio, obrero, uno de tantos que sufrió la pandemia de la heroína en los años 80, es, sin embargo, nuevamente un foco de esta droga que ahora se vende a apenas 20 euros, pico fácil para la evasión de los más pobres cuyas consecuencias pagan… pues eso, los de siempre. Todo ello convive con los conciertos de diez días de Bad Bunny. Normal, también les digo, que esto de para una novela. Y para dos y para tres, si me apuran.

Y ahora, amigos, llega la locura total. Si la Carpa del Encuentro no se había vaciado ni un momento a lo largo de toda la tarde, ahora se llena aún más para recibir a Santiago Díaz con su exitosa El amo (Alfaguara), la nueva entrega del subinspector gitano Jotadé Cortés, en la que le tocará investigar el asesinato de una adolescente cuyo cadáver aparece en una parada del autobús del extrarradio de Madrid. Presentado por la simpar Carlota Suárez, Díaz reconoció haber tenido el valor de presentarnos enseguida al ‘malo’, algo que no es para nada habitual y que le ayuda a generar «complicidad con los lectores, que saben algo que no sabe Jotadé». Parece muy de complicidades Santiago Díaz, tan majo que es en el trato (como estaban a punto de averiguar… ¿70? ¿80? ¿90 personas? Sigan leyendo y ya les cuento). El recurso también le facilita hablar más de la vida del inspector, muy querido ya por el respetable y por nuestra Carlota. Y es que ella, que sabe mucho de escribir y de leer, advirtió que «siempre leemos el mismo libro. Cuando hay una propuesta original, y encima dentro de una saga, se agradece». Y este es el caso.
«Los asesinos más terribles son los que viven bajo la normalidad», decía el imponente Díaz (por tamaño, no por maldad) cuando el sol, perezoso, ya empezaba a ocultarse. Después de la masterclass en crímenes que llevamos ya en esta Semana Negra que ya supera su ecuador, confirmamos que así es. Pero añadimos, y nos lo confirma Carlota, los personajes más carismáticos, los más inesperados, como la que ella calificó como «mi exconvicta favorita». ¿Habrá spin-off con Lucía Navarro como protagonista? Ojalá, pero Díaz ni confirmó ni desmintió. Crucemos los dedos. Y cruce, todo el público que ya se amontona en una cola que se prevé apoteósica, las piernas, porque va a tener que estar de pie un rato largo. Más de una hora y media estuvo firmando libros Santiago Díaz. ¡Más de hora y media, con una cola que daba la vuelta a toda la frontal de la Carpa del Encuentro!

Testimonio gráfico de lo previamente afirmado, para que no nos llamen mentirosos. Cuando Diego Miranda sacó la foto ya había pasado media hora de firmas, y aún quedaría otra más.

Vuelve a visitarnos, para acabar la jornada, el buen amigo de esta casa Carlos Salem, esta vez con Los pecados de los Apóstoles (Alrevés), muy bien presentado por Paula Martínez, aunque, como ven, Luis Artigue no pudo resistirse a aparecer en escena al final del evento y fotografiarse con nuestro astro argentino. No tendremos a Messi, pero tenemos a Salem. El asesinato de un prestamista nos vehiculará por la nueva trama protagonizada por el comisario Severo Justo, aunque se puede leer de forma independiente. Justo, líder donde «hay un forense al que los muertos le hablan» o una «viejita hacker».
Y es que a Salem el thriller no le atrae, es solo la excusa para hablar de personajes. «Tú no haces novela negra, haces lo que te sale de los cataplines», cuenta que le dijo un día un librero para definir su obra. El argentino nos contó el proceso de gestación de todos sus personajes, que guardan siempre una historia detrás (y hasta alguna persona real). Prolífico como él solo, también nos contó sobre una nueva otra en preparación que podría conectarse con la novela de Paco Gómez Escribano al hablar de los mismos fondos buitres que dan título a lo último de uno de nuestros madrileños favoritos. En esta ocasión, por medio de las hipotecas inversas concedidas a los ancianos que, «a cambio de una cantidad de dinero que no han visto en la vida». Pero eso, ya en otra Semana Negra.

¿Se nos perdieron Carlos Quílez y Pelayo Gayol, que estaban llamados a protagonizar la última charla de la noche en la Carpa del Encuentro? Como a estas alturas, media hora después del final de la charla de Santiago Díaz, la cola aún llegaba hasta nuestra Rufa We can do it, pensamos que tal vez se encontrasen atrapados en ella, pero no. Aparecieron, felizmente, al final, y esta vez fue Quílez el encargado de conversar con quien es inspector del Cuerpo General de Policía al frente del GEO, ese cuerpo de élite especializado en las operaciones más peligrosas.
«Sabes que morir es algo que puede pasar, pero no piensas en ello», decía, con pasmosa (y profesional) tranquilidad Gayol sobre su trabajo. «Te ha preparado para eso, estás seleccionado para eso». ‘Eso’, ahí es nada, son los operativos de liberación de rehenes, operaciones antiterroristas y similar. Un trabajo donde el miedo, que «nos ha mantenido vivos hasta ahora», siempre está ahí, es necesario: «Un miedo bien gestionado te dice dónde y cómo estás, sabes gestionar esas sensaciones y el miedo es necesario». Aquí y en Colombia, donde, inmerso en plena lucha contra el narcotráfico, también le ha tocado estar en primera línea de fuego.
Tal vez, desde luego ese el gran secreto de ser un buen profesional dentro de los GEO, lo más difícil es controlar los nervios a la hora de manejar las armas y controlar la situación. «Cuando nos mandan finalizar un incidente crítico, no puedes actuar beligerante; hay que causar el menor daño posible al que está delinquiendo». Ahí también llega el miedo: el de fallar. Gayol, protagonista de la serie documental GEO: Más allá del límite y de Pelayo. Más allá del límite, asegura también que los criminales, o quienes forman parte de las organizaciones criminales al menos, no siempre son malos. «Imaginaos que todos los árboles fuesen coca: eso es Colombia. Allí trabajan agricultores que tratan de sacarse unos pesos para mantener a su familia; no tienen otra alternativa». Interesante charla que nos sirve como el broche de oro de una jornada intensa, y que nos demuestra que a veces, tristemente, el ‘noir’ va más allá de la ficción.

El público, encantado