Sabiduría desoriental

Los sutras del maestro Rahna
Jesús Palacios

Jesús Palacios

2026-07-05

LOS SUTRAS DEL MAESTRO RAHNA

Recogidos por su admirador, amigo, esclavo y siervo Jesús Palacios

III

Sabiduría desoriental

 

Es curioso que desde mi llegada a la Semana Negra, ansiado templo de Sabiduría, no paran de acercarse a mí amables desconocidos para consultarme, precisamente, sus innumerables dudas, cuitas y preocupaciones espirituales. Sobre todo y ante todo, para que les explique los misterios de la existencia, el sentido de la vida y los secretos del universo visible e invisible, pues está claro que todo lo oscuro puede ser iluminado por el conocimiento místico de Oriente. Y es que, por más que me empeñe en vestirme a la occidental, mis rasgos asiáticos son inconfundibles, así como mi exquisito porte de erudito oriental, que inmediatamente me delata como iniciado versado en todo lo espiritual, conocedor profundo de misticismos cósmicos y portador de una filosofía milenaria que todo lo explica y todo lo sabe, en paz con todo y con todos.

Bueno. Creo que es mejor dejar las cosas claras. Para beneficio de quienes leen diariamente estas sutras, confiando en que el Maestro Rahna les revelará la realidad última de la vida y de la muerte, voy a revelar otra realidad bien distinta, menos metafísica y quizá también menos consoladora: la sabiduría oriental es un invento occidental. La figura mítica, mística y misteriosa del Sabio asiático, es tan auténtica como los Reyes Magos (en realidad Sabios) de Oriente. O, ya puestos, como la esencial perversidad de aquellos malvados asiáticos de folletín, igualmente sabios pero entregados al sadismo, el complot y la conquista de Occidente, encarnación del Peligro Amarillo. Ambos extremos son el yin y el yang del mismo mito occidental.

Con el estómago lleno de Gautamas, Siddhartas y Bodhisattvas, de máximas de Confucio y Lao Tse, de koans de maestros zen y crípticos haikus japoneses, de épicas zoroástricas (inventadas por filósofos alemanes chiflados), bailes de derviches y poemas sufíes, criptogramas del I Ching, códigos bushido samurái, artes guerreras chinas y kung fu, chamanismos siberianos, sexo tántrico y mantras tibetanos, Occidente ha sufrido una indigestión de orientalismo que le provoca sueños húmedos pero también angustiosas pesadillas. Es el justo castigo a sus doscientos años, mes arriba, mes abajo, de colonialismo e imperialismo en Asia a cuenta de su antaño superior poderío militar y falta de escrúpulos total.

Por eso, los verdaderos sabios de Oriente, que haberlos, haylos, tomamos hace mucho la decisión de volver locos a nuestros invasores occidentales, de forma sutil y pacífica, como buenos seguidores de las artes e ideas de Gandhi, Tagore y Fu Manchú. Así, les hemos hecho chiflar con la Teosofía, la Antroposofía y otras sofías místicas y esotéricas demenciales, con colegas más listos que el ayuno como Krishnamurti, el Maharishi Mahes Yogi, Osho o D. T. Suzuki, y para más recochineo con auténticos jetas como Madame Blavatsky, Gurdjieff, Ouspensky, Lobsang Rampa, Idries Shah, Sánchez Dragó, Eckhart Tolle o Deepak Chopra. Les hemos llenado las películas, las series, los cómics y las novelas de personajes como el Sr. Miyagi, Pai Mei, el Dr. Lao, el Maestro Po, Li Tsung, Shifu, el Maestro Splinter y muchos, muchos más, hasta hacerles la cabeza explotar.

¿Saben mis queridos adeptos y lectores cómo se reía mi amigo Vātsyāyana mientras escribía el Kama Sutra pensando en la cantidad de fracturas de huesos, desgarros musculares y peleas de pareja que iba a provocar su libro en Occidente? ¿Cómo disfrutaba D. T. Suzuki atizando palos con su bastón a sus alumnos occidentales cuando no podían entender sus máximas zen, porque, de hecho, son totalmente incomprensibles? El secreto mejor guardado de la milenaria sabiduría oriental es que es un inmenso chiste a costa de Occidente. “Sé agua, amigo mío”; “Para encontrar el camino, primero debes olvidar el camino”; “El maestro se ha convertido en estudiante”, “El perdón es divino, pero nunca pagues por la última pizza”, “El trabajo cansa”… Nos partimos de risa. Tanto vale una galletita china de la suerte, mis pequeños saltamontes.

Así que déjenme seguir mi sendero en busca de la Sabiduría y no me pregunten por el sentido de la vida, la reencarnación, el plano astral, la quinta dimensión, la meditación trascendental y tal y tal. Aprovechen este momento de sinceridad y no digan después que este Maestro les ha salido Rahna.

(Para saber más, no dejen de pedir el libro Encuentros con hombres poco o nada notables, enviando su donación, a partir de cincuenta euros, a: Centro de Sanación y Sabiduría Espiritual Rahnamurti. Avda. Shambhala s.n. Shangri-La, Aptdo. 108 (Himalaya, El Tíbet).