Camino a la sabiduría

Los sutras del maestro Rahna
Jesús Palacios

Jesús Palacios

2026-07-03

LOS SUTRAS DEL MAESTRO RAHNA

Recogidos por su admirador, amigo, esclavo y siervo Jesús Palacios

 

I.

Camino a la sabiduría

 

Después de recorrer de punta a punta el mundo conocido, en busca siempre de la Sabiduría, yo, el Bodhisattva Yogui Manamananda Maharetha Krishnarotha Rahnamurthi —podéis llamarme Bodhi, digo, no, Rahna—, he sido encontrado por esta. Pues la Sabiduría no es de quien la busca, sino de aquél que es buscado por la Sabiduría. Sentado durante diez años bajo la sombra de mi frondoso ficus magníficus, he reflexionado profundamente en todo lo aprendido a lo largo de décadas de viajes incansables en pos del Conocimiento.

He visitado los lugares más sagrados del planeta. Del Vaticano al Tíbet, de Jerusalén a Compostela, de Benarés a Ise, de Machu Picchu a Gizeh, del Partenón a Stonehenge, de la Ceca a la Meca, he contemplado y orado en los altares y templos de todos los credos. He escuchado a los sabios, sacerdotes e iniciados de todas las religiones y sectas. He leído las sagradas escrituras de todas las creencias, en hebreo, en árabe, en chino, en japonés, en copto, en latín, en griego, en gaélico, en minionés y en smurfés. Desencarnado tras someterme a severo ayuno, meditación y negación del yo, he visitado con mi cuerpo sutil los antiguos santuarios prehumanos de la Atlántida y Lemuria, los reinos de Mu y Agartha, rompiendo el continuo del espacio-tiempo, hasta entrever los oscuros abismos tras el velo de la realidad, donde reinan los Grandes Antiguos.

Sí, así el Maestro Rahna saltó a través de lo visible y lo invisible, atravesando los Tres Reinos, aprendiendo y desaprendiendo, muriendo y renaciendo… Y muchas de sus aventuras conoceréis, gracias a su libro “Encuentros con hombres poco o nada notables”. En él hallaréis la respuesta a todas vuestras dudas y angustias si enviáis un humilde donativo (no inferior a cincuenta euros) a la dirección que figura más abajo.

Sin embargo, no alcanzó el Maestro Rahna la Iluminación total. Por eso decidió, o sea: decidí (no tengo claro cómo queda más contundente mi homilética, si en primera o en tercera persona, eso sí: siempre mayestática) reposar en quietista y trascendental meditación, acallando por completo los deseos de la carne, pero también los del espíritu. Dejando de buscar, para así encontrar. Dejando de desear, para así obtener. Dejando de pedir, para así recibir (donativos siempre voluntarios, pero no menores, repetimos, a cincuenta euros).

Durante este tiempo, llegaron hasta mí en busca de la Sabiduría estrellas de rock, actores y actrices de Hollywood, filósofos y novelistas (no sé por qué casi siempre maricas ingleses), pintores, bailarines y marujas rusos, practicantes de artes marciales, montañeros nazis, antropólogos nada inocentes, fascistas italianos y rumanos, poetas yanquis drogadictos, fontaneros londinenses, alguna actriz española, directores de cine de autor y otras personalidades inclasificables. Todos tuvieron sus experiencias místicas justas e innecesarias, pero fui yo quien, en realidad, lo aprendió todo gracias a ellos (apréciese aquí una vez más el pensamiento paradójico zen en acción). Pues fue así como tuve conocimiento de que aún no había visitado, precisamente, el último gran santuario del mundo. El lugar sagrado donde sin duda he de encontrar la Sabiduría: la Semana Negra de Gijón.

Hacia ella nos dirigimos, yo, el Bodhisattva Yogui Manamananda Maharetha Krishnarotha Rahnamurthi (a partir de ahora: el Mastro Rahna) y mi admirador, amigo, esclavo y siervo, el escriba Palacios. Mientras este prepara las parcas posesiones que nos acompañarán en el viaje a la Semana Negra, incluyendo las 6000 hojas de palma donde transcribirá nuestras breves reflexiones, oraciones y enseñanzas, yo todavía tengo que cortarme los treinta y pico centímetros de todas y cada una de las negras uñas de mis dedos de manos y pies, el metro y medio de barba y melena, y quitarme de encima los siete kilos de caspa, costras y piel muerta de mi escuálido cuerpo físico, después de una década sin lavarme, afeitarme o entregarme a vanidoso aseo o acicalamiento alguno. Cuando se renuncia, se renuncia, oiga. Así que tengo para rato. Pero lo sufriré con alborozo y júbilo, pues sé que tras este sacrificio mundano, me espera al fin la Iluminación. ¡Om Mani Padme Hum!

 

  1. D: Si desea recibir un ejemplar firmado por el Maestro Rahna de “Encuentros con hombres poco o nada notables”, envíe una donación voluntaria no menor de cincuenta euros a: Centro de Sanación y Sabiduría Espiritual Rahnamurti. Avda. Shambhala s.n. Shangri-La, Aptdo. 108 (Himalaya, El Tíbet).