El samurái

David Suarón

David Suarón

2026-07-09

Me levanto con resaca y no queda nada en la nevera para comer. Ni una triste loncha de pavo con la que hacer un sándwich. Tengo que ir al supermercado a recargar. Dejar bien llenita la nevera para cuando venga mi mujer.

Me acuerdo de que en la Semana Negra hay un supermercado, pero de libros. Antes que la comida debería estar el alimento del alma. Aquellas ediciones de Júcar siempre fueron como latas de fabada: un sustento para mi curiosidad por el género negro. El olor a bocadillos se mezclaba con el viejo papel de Jim Thompson o David Goodis, de Disparen sobre el pianista o La senda tenebrosa. Sus personajes son siempre perdedores, grasa de fabada para un sistema incapaz de aceptarlos.

Muy cerca de allí, hace años, un tipo de Canarias se ponía a vender sus libros autoeditados. Iba de feria en feria ofreciendo su literatura pulp, sin demasiado éxito. Era todo un ejemplo de estoicismo literario. Resistía el sol, la lluvia y el anonimato con su silla y su mesa plegable. Un guerrero frente a las editoriales reconocidas. Lo decía Roberto Bolaño: «La literatura se parece mucho a las peleas de los samuráis, pero un samurái no pelea contra otro samurái: pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado».

Si aquel tipo acudiese hoy con una novela cuya trama encerrase un lote de joyas millonarias dentro de una caja fuerte oculta en el despacho de un expresidente del Gobierno, también habrían dicho que era otro pulp barato.

Seguro que hubiese incluido jueces con traje y gafas de sol, muy poco democráticos. Y unos villanos que intentan dominar el mundo y la sociedad a golpe de mensajes y efectos visuales. Solo faltarían Batman y el Joker pululando por las calles de Gotham.

Aunque la realidad le vaya dando la razón, el crimen organizado no está en una caja fuerte de Madrid, sino en la vida diaria. Las verdaderas víctimas son las personas. El derecho constitucional a una vivienda digna es decapitado por los fondos buitre, por los algoritmos de los alquileres turísticos y la especulación, mientras los precios no dejan de aumentar. La vivienda es uno de los principales factores de desigualdad social. Así, la imposibilidad de emanciparse y el drama —o la amenaza— del desahucio, constituyen la auténtica trama que nos aprieta como en un psicothriller.

Para resistirlo todo también queda la obra como espada y sustento. Leer bajo un puente o al amparo de una biblioteca.

Con el mismo espíritu combativo que aquel tipo canario, la editorial independiente Más Madera lanza Asturias negra y criminal. Treinta y nueve relatos de otros tantos autores, coordinados por Virginia Gil, cuya idea surgió en un bar. La condición humana hace que el monstruo pueda aparecer en cualquier esquina, incluso en Cangues, Pravia, Xixón, Avilés, Uviéu o, como en mi caso, en Pola Somiedo. Asturies ye carbón y sangre. El rural noir, la crónica de sucesos, el relato novelado, el informe forense o el hecho histórico son la lista de la compra de estas páginas. Relatos surgidos en los rincones de la tierrina. Una utopía de samuráis.

Como señala Jesús Palacios en el epílogo: «En Asturias lo negro y criminal posee una profunda raíz cultural, tanto o más que el cachopo, crimen de reciente invención».

De momento, creo que pillaré un par de cachopos en la carnicería para comer. Porque seguro que será una carnicería. Y los quiero muy poco hechos.