Un artículo de:
Arantza Margolles Beran
Publicado el:
2024-07-05

Libros y churros contra el ‘snob’

Ilustración: Diego C.

Todo empieza. Y todo sigue. Arranca la XXXVII Semana Negra y aquí estamos, al fin, rodeadas «de muchachas deliciosamente mugrientas bajo el vapor de los cafés crème de Saint-Germanin-des-Près que leen a Durrell, a Beauvoir, a Duras, a Douassot, a Queneau, a Sarrante», nosotras «fuera de la moda adolescente, del cool, con las manos anacrónicamente Êtes-vous fous?«. Este año rendimos homenaje a Cortázar -y a Onetti, y a Machado, y a Baudoin y a Pepe Muñoz-, el autor que en su Rayuela describió, magistralmente, lo ‘snob’ como aquello que hacía ignorar a quien llevaba billete de tercera clase, pero admirar al viajero de segunda. Las pasadas semanas, en conmemoración del desaparecido Tren Negro, RENFE vistió sus asientos  con el reclamo de este certamen literario que convive con la juerga en armonía. Pero hace ya mucho que no existe en España tercera clase en los trenes, y a mi me gusta pensar que en ese combate que hemos librado, en estas últimas décadas, contra el esnobismo ha tenido parte considerable la Semana Negra, lugar imprescindible en el recuerdo de cualquier gijonesa (nos importa poco que sea o no de las de toda la vida).

Porque aquí se reivindica el disfrute sin paliativos. Ese «sujetar con una mano un libro y un churro con la otra» que decía Taibo. La convivencia de 250 autoras y autores presentando sus obras en las carpas, que este año son una más, con el Ratón Vacilón. Y con los coches de choque. Dios mío, los coches de choque. Una vez, hace casi dos décadas, me subí a los coches de choque de la Semana Negra armada con unos zapatos de Pura López de trece centímetros de tacón que mi madre y yo habíamos conseguido en una tienda de saldos. También las marcas de postín necesitan los saldos para sobrevivir y para que las del Cerillero podamos ponérnoslas si nos da por la gana. En fin, ocurre que ese año la Semana Negra rindió homenaje a la época dorada del cómic español, y publicó La generación más guapa. Yo lo llevaba en el bolso, recién autografiado por tanta gente a la que admiraba y admiro, el día de los taconazos en los coches de choque, y aún lo conservo, como oro en paño, en la estantería de esta que hoy se estrena como directora de A Quemarropa.

Sí, todo empieza, pero también sigue. En el antedicho párrafo de Rayuela, Cortázar contraponía la juventud insultante las chicas ‘chic’ que leían a las autoras y autores de moda con los de su generación. Fíjense: aquellas jovencitas que hoy superan la barrera de los 80 tacos leían en perfecta paridad, porque de esos seis autores que cita el argentino, tres (Beauvoir, Duras y Sarrante) son mujeres. También nuestra Rufa Hermosa y, sobre todo, campeona. En este A Quemarropa hemos querido imitar ese París de blues, sexo y novelistas -en la Semana Negra no nos hemos inventado nada: Cortázar ya era de los de «libro y churro»– y darles peso a ellas; a los recuerdos; al oficio de escribir; al asturiano; a quienes empiezan, pero también a los que siguen. Les traemos tres series: dos para leer por capítulos (Enedina a medianueche, una ficción de terror hecha por todas las manos que componen el grupo Radagast, y ¿Quién anda ahí?,  deliciosa gamberrada de Olga Lobo y Carlota Suárez) y una, por cuentos (nos los trae el Luna roja de Lenka Dángel).

A partir del siguiente números surcaremos por los recuerdos de los autores de La Semana Negra de tu vida y descubriremos cómo es el proceso que hizo pasarse a muchos juntaletras del ojo a la pluma. Nuestra lista de deseos literarios se verá incrementada por las autoras que nos descubrirá Aida Riesgo en Mujeres del cuento. Vuelven a nuestras páginas Teobaldo Antuña y Jesús Palacios, por supuesto. Y unas cuantas sorpresas más que no les puedo seguir contando, porque me chiva Miguel Barrero que a todas las novedades, y a esos 250 autores de récord, se suma este año otra novedad: habrá torreznos en la Semana Negra. ¡Qué jodida maravilla que es la vida!