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2024-07-06

Con los ojos llenos de tinta y de papel

Ilustración: Diego C.

 

Se habló mucho ayer de trenes, de lo romántico de su chacachá -ya lo decía la canción- y de su presencia constante en la literatura, especialmente en el género negro. Es el ferrocarril, sí, el más metafórico de los transportes; y tal vez por eso también uno de los más tinta llenan en nuestros diarios, a veces con noticias también dadas al doble sentido. ¿Se acuerdan de aquellos mastodónticos convoyes que no entraban, simplemente no entraban, no pasaban, no cabían, imposible, en nuestros túneles pequeñinos pero matones, suerte ellos de asturcones desafiantes a la orografía asturiana? ‘No comments’, Señoría. Así y con todo, sospecho que no hay nadie que no conserve, en su memoria familiar o literaria, recuerdos hermosos asociados al tren. Hasta vivir en una estación de ferrocarril se le antoja a una bonito cuando ve el ir y el venir de las palancas de las vías en Guantanamera al paso de Jorge Perugorría. Decía que ayer se habló mucho de trenes porque otra de las novedades de este año en la Semana Negra ha sido el traslado de la recepción con las autoridades al Museo del Ferrocarril, aquella vieja estación que recibió a los primeros Trenes Negros de finales de los años 80 del pasado siglo, y entre nostalgia y nostalgia nos fuimos los presentes dando cuenta de que, con la broma, ya son más de treinta años los que median desde que eso ocurrió. Y, sin embargo, ahí sigue, intacta, nuestra querencia por el tren. Hablamos, también, de Juan Gelman, quien tantas veces visitó Gijón gracias a la Semana Negra. No sé si también en el Tren Negro, tal vez. Recordé yo, entonces, los versos del elefantito francés de Gelman. Así:

 

Una vez pasó un elefante francés por el barrio/

le sonreía a todo el mundo y decía «bonyur»/»bonyur»/

pero ninguno le creía

dónde se vio un elefante francés sonreír a todo el mundo/

solamente los chicos se animaban a tocarlo/

le tiraban de la cola para volverlo azul/

a cada tirón el elefante le salía un pajarito/

un canario o ruiseñor que se ponía a hablar de tu candor/

un jilguerito muerto de hambre con los ojos llenos de tinta y de papel/

Hablamos del tren, sí, y de Juan Gelman, y se nos hizo de noche cantando por Pedro Garfias y, ya en casa, descubrimos que nosotros, como los pajaritos que le salían de la cola al elefante francés, también llevábamos los ojos llenos de tinta y de papel. No hay duda: acaba de empezar la Semana Negra.