De la amistad a la psicopatía

Arantza Margolles Beran

Arantza Margolles Beran

2026-07-12

Arrancamos en la Carpa de la Palabra con mesa redonda: una que, con la moderación de Carmen Fernández, hablará del Proyecto Pura Tomás. Exilio y acción política. Pura Tomás Vega (1918-1990), hija de Belarmino Tomás y ella misma «referente desde tiempos de la república»; exiliada y divulgadora de las ideas socialistas desde México «mostrando que las mujeres tenían una participación política, que estaban implicadas en ello». Ahora, un proyecto recupera su voz y la de otras tantas mujeres exiliadas. Lo hace por medio de podcasts dirigidos por la periodista Patricia Martínez, también presente en la mesa, y en los cuales se ha integrado la voz real de Pura Tomás. La inteligencia artificial ayudó a «crear un modelo de voz muy parecida a la de Pura Tomás, incluso con la cadencia y respiración, que introdujese los textos introductorios». Alfonso Zapico, a cargo de las ilustraciones del proyecto, definió a los podcasts como «alucinantes». «La Pura Tomás que aparece en sus textos de México es totalmente desconocida para mi; escribe sus textos en los 60 o 70 y hay cosas escritas en los 90 mucho más pasadas de rosca», afirmaba.

La Tormenta de polvo fino que se levanta al estar removiendo papeles viejos en los archivos para tratar de descifrar la historia pone el título a la última novela de Carlos Fortea. Presentada por Lorenzo R. Garrido, que la definió como una obra de «escritura precisa, elegantísima y sutil, que le viene de los libros que ha traducido», la idea de la novela surge de la intención de saber «cómo se jodió España», explicó Fortea recurriendo a Vargas Llosa. A lo largo de dos siglos de historia, con un narrador que va y viene por el tiempo, Fortea se pone en la piel de mucha gente «de todos lados, y ver cómo muchas veces las personas somos víctimas de nuestras decisiones».

Annika Brunke crea en Bacon una novela «muy sorprendente, con muchos registros», tal y como definió José Manuel Estébanez. A raíz del hallazgo de un brazo amputado en un contenedor, con la única pista de un tatuaje, Brunke desarrolla un thriller en el que la identidad de la asesina se conoce desde la primera página. «¡Ay, Dios! ¡Llegamos al final de la presentación!», se alteró Estébanez. Pero que no cunda el pánico, que aún hay mucho de lo que hablar. De cómo, por ejemplo, Annika  Brunke quiso crear a una mujer gorda como protagonista y puso especial procuro en la construcción de personajes. «Es una historia de identidad, de sentirse ajeno a la imagen del espejo», explicó su autora, a quien lleva sorprendiendo, desde el momento en que salió el libro, que sus lectores, inexplicablemente, empaticen con Betty, la pastelera asesina. «Será el dulce», aventuró. ¡Será!

Se estrena en la Semana Negra Santiago Mazarrasa con su Casilla vacía (Alianza), una novela que narra el encuentro de cuatro amigos en un estanque al que suelen ir a pescar. Pero ese día no hay peces, y, al despedirse, uno de ellos no volverá más. «Es una idea que robé de un filósofo francés. La vida siempre es una forma de orfandad, siempre hay algo de lo que carecemos». La sensación de incomprensión de su propia existencia, sufrida a lo largo de muchos años por el propio autor, le llevó a escribir este libro, según le explicó ayer  a Beatriz Rato y al público que les acompañaba en la Carpa de la Palabra. Mazarrasa, filósofo de profesión,  se sorprendió al ver que Rato intentaba disuadir a los lectores de tener miedo a la hora de abordar esta novela donde esta disciplina tiene mucho peso. «Nunca pensé que me dirían que es una lectura fácil», contestó, aún reconociendo que todo el mundo podría verse identificado en lo que, aunque se ha vendido como una novela generacional, para él no lo es tanto.

El poeta ovetense Fernando Beltrán fue el encargado de presentar, en un discurso plagado de metáforas y versos, La vida corriendo hermosa hacia los desagües, de Carlos Barral, que Beltrán definió como «un libro desnudo, despojado, inabarcable, sincero hasta el corvejón pero a la vez capaz de descubrir la flor de un instante». El XX se emocionó tanto que hasta abrazó a su presentador y,  abrumado, se confesó incapaz de cometar nada más que lo que ya se había dicho. Así que empezó a recitar pero, tal vez por el poder catárquico de la poesía, después sí que pasaría a explicarnos ún poco más.

La muerte en extrañas circunstancias de una mujer en su noche de bodas centra la trama de La hora de la fuga (AdN), de Graziella Morena, aunque lo que lo vehicula todo es el poder que a veces «no te deja hacer tu trabajo, ir hacia la verdad». Lo dice de primera mano, ya que la escritora es, de profesión, jueza, y, además, especializada en esa pandemia silenciosa que es la enfermedad mental.  Sirve pues la obra para denunciar la indefensión de quienes padecen este tipo de dolencias ante los manejos del poder o los muchos tentáculos de una sociedad desigual, como ocurrió en el caso del asesinato de Rosario Endrinal, una mujer en situación de sinhogarismo por parte de tres chavales de la clase alta barcelonesa que la quemaron viva por pura diversión.

Se abordó, también, el problema de la criminalidad causada por una psicopatía, «una forma de ser. Hay que educar a esa persona para recuperarla para la sociedad; en muchos casos es posible y en otros muy difícil». Y es que esta autora, que visitó por primera vez la Semana Negra en 2005, lleva más de años escribiendo ficción no «para hacer moralina» sino para denunciar una sociedad corrompida. Porque, desgraciadamente, «en la novela negra no solemos inventar mucho, porque todo ocurre en la realidad».

La reedición, veinte años después, de El mercado de las almas (El Forastero), de Nohelia Alfonso, protagonizó el último acto de esta XXXIX Semana Negra en la Carpa de la Palabra. Al frente de la presentación estuvo Rafael Gutiérrez Testón. Alfonso tenía solo 15 años cuando escribió esta obra con el objetivo de «mandarle un mensaje a una persona que estaba metiéndose en mundos muy sórdidos», pero de la que ya se había distanciado cuando finalmente se publicó. El libro generó el reencuentro de aquella vieja amistad y , desde entonces, ya había quedado descatalogado. La autora se hizo profesora y se encontró con que, al descubrirlo sus alumnos, había un nuevo público potencial. «Queremos leer eso y no La Celestina o El Lazarillo», le decían. Y aquí estamos.

Aunque reconoce que hoy en día lo hubiera escrito de otra manera, el libro está tal cual. Siguen las mismas canciones y la misma trama, que parte de un suicidio causado por las drogas. Es un mensaje de amistad, pero también una lucha contra la romantización de unas épocas marcadas por las adicciones. «La idea poética del libro es que hay que estar en las duras y en las maduras, incluso aunque ya no te caiga bien esa persona. Hay que tirar por los amigos», dijo la autora, y nosotros, con ese mensaje en el aire, nos despedimos. Hasta aquí ha llegado la XXXIX Semana Negra en la Carpa de la Palabra. ¡Volveremos!