¿Cómo llegar a Zé?

Dibujo: Diego C.
Es ineludible, inexcusable, breve, brutal. Desde hace un tiempo, eterna. Tanto da en qué foro se encuentre una, tanto da la circunstancia, que la preguntita de marras siempre va a caer: «¿cómo llegar a los jóvenes?» Escribes una novela: «¿Cómo proyectas llegar a los jóvenes para que lean tu novela?» Te abres una cuenta en TikTok para hacer el baile del pavo: «¿Es esta la forma de llegar a los jóvenes?» Organizas un certamen literario, adelantas unas elecciones generales; que sé yo, invades Polonia: «¿Cómo piensa atraer a los jóvenes?» Les prometo que en lo que va de año la cuestión ya me ha caído unas tres o cuatro veces. Y, como diría el añorado Manolo Tena, y aunque no tenga ni moto ni loro que se me puedan estropear y -por fortuna- mi coche aún ande, yo no sé qué contestar.
Miren, por ejemplo: esta referencia. Sangre española, el álbum en el que se publicó aquella canción, salió en 1992, de modo que probablemente no sea una buena manera de llegar a los jóvenes. Supongo que no; que es una acotación demasiado boomer y, por tanto, a desterrar. ¿No es así? También ocurre que es irónico que nunca haya habido tanta escasez de jóvenes como ahora (menos de un 16% de la población española tiene de 15 a 29 años) y, sin embargo, el mero hecho de andar dentro de ese rango de edad se haya convertido ya en un compartimento absolutamente estanco y, por lo que se ve, también insondable. El debate llega también a las librerías, afanadas en categorizar tanto para «llegar a los jóvenes» que a veces, es inevitable, acaban metiendo la pata, como una que no nombraré (se dice el pecado, pero nunca el pecador) y en cuya sección infantil encontré, hace unos meses, la maravillosa versión ilustrada por Rébecca Dautremer del De ratones y hombres de John Steinbeck (Edelvives, 2026).
Pero óiganme. ¿Es que acaso hay algún mecanismo cerebral que impida que un guayabo o guayaba pueda conmoverse con la voz profunda de Manolo Tena? ¿Cometió aquella librería, realmente, tremendo error? Porque, ¿qué edad tenían o tendrán ustedes cuando conocieron o vayan a conocer la tierna y a la par terrible afición de Lennie por acariciar pequeños roedores? Yo, unos diez; es decir, aproximadamente ese año en que Manolo Tena lo petó en la radiofórmula y más de medio siglo después de que John Steinbeck hiciera arte de la miseria. «¿Cómo llegar a los jóvenes?», nos preguntan, y una -será que ya le corre la sangre ‘noir’ por las venas, y eso que solo acabamos de empezar- piensa automáticamente en Zé Pequeno.
Ya lo conocen, y si no, igual que a Lennie, debieran: se trata del protagonista de la desgarradora película Ciudad de Dios (Fernando Meirelles y Kátia Lund, 2002), y del libro homónimo de Paulo Lins (1997), y en la actualidad sería un boomer de 69 años de no haber sido acribillado a balazos -hay quien dice que la causa fue una sobredosis, pero eso no altera el resultado final- a los 28, lo que le convierte en joven eterno. A Zé le tocó en (mala) suerte vivir y morir en uno de los lugares más peligrosos del mundo: el barrio de favelas de Cidade de Deus, en Rio de Janeiro. Había nacido el mismo año en que también vinieron al mundo Gloria Estefan o Jordi Hurtado, cuya larga trayectoria en televisión le ha valido no pocos memes relativos a una longevidad que, como ven, tampoco es para tanto.
Al advenimiento chabolista de Zé siguió una infancia criminal, comenzando por pequeños robos y pasando muy rápidamente al asesinato como medio de proteger sus negocios de compra y venta de drogas. No hay mucho más que contar. Nació en la pobreza más extrema y murió pronto, sin saber leer ni escribir y habiéndole destrozado la vida a mucha gente, entre ellos a Mané Galinha, nacido en 1952 así que, supongo, boomer por igual. Zé violó a su hermana, mató a su hermano y a su padre y Mané, que hasta entonces había sido un muchacho tranquilo, le juró venganza; para ello se alió con Aílton Batata, que en la película se llama Cenoura y que a la sazón controlaba las bocas de fumo de todo Cidade de Deus. El propio Zé mató a Galinha a tiros en 1979; Bené, el socio de nuestro ‘prota’, se encontró con la parca el mismo año y del mismo modo y de toda esta historia, para terminar, solo quedó vivo Batata… pero porque le metieron en la cárcel.
¡Ay, y bueno! Ya ven que la vida es más difícil en según qué latitudes y, sobremanera, en según qué niveles de renta o de marginalidad. Pero, como les decía, se ha puesto de moda eso de buscar la piedra filosofal que, según parece, es el llegar a los jóvenes; el instruirles, cuando no rogarles, a todos cuantos hayan nacido a partir de determinado año, sobre qué leer, qué ver o qué consumir. Sin embargo ocurre que hay jóvenes, como ancianos o personas de mediana edad, de toda clase y condición. También en el Brasil de los años 50 que vio nacer a Zé Pequeno y a Aílton Batata se respiraban aires diferentes en función del dónde y del cómo. Les cuento que, haciendo mía otra referencia muy boomer, todo está en los libros y que hoy, sábado 4 de julio, a las 20.30 horas, se presentará en el Espacio A Quemarropa el espectacular cómic Ava, de Ana Miralles y Emilio Ruiz, que habla del accidentado viaje de Ava Gardner a Brasil, en 1954.
Fue toda una aventura, porque la diva se presentó en Rio muy poco después del suicidio de Getùlio Vargas. Aquella ‘muerte matada’ daría paso al gobierno de su mayor rival, el ultraderechista Carlos Lacerda, precisamente ideólogo del barrio de Ciudade de Deus. El ambiente estaba revuelto, y lo seguiría estando muchos años, pero la personalidad arrolladora, y un tanto fría, también, de la Gardner no permitió que se enterase de gran cosa. La diva tampoco vio la favela en la que tres años después nacería Zé Pequeno, y eso que probablemente estuviera muy cerca de su alojamiento en Copacabana. Sí, en lugar tan insigne, pero en una choza mísera, nació quien nunca llegó a ser viejo, porque Ciudade de Deus se creó una década más tarde. Para ocultar de la vista de los visitantes a la clase más mísera de la población, para barrer a cientos de almas debajo de la alfombra de un país que no sabía cómo combatir la miseria y, por eso, le bastó con no verla. ¿Que cómo se llega a los jóvenes, me preguntan? Pues miren: no tengo ni la más remota idea, pero sospecho que el problema principal de ese enunciado es que no hay regla alguna para serlo. Ha sido joven usted, he sido joven yo, lo han sido Ava Gardner y el Zé Pequeño y Elon Musk… y hasta Jordi Hurtado fue joven, aunque no me lo vayan a creer. Igual es que la cosa no va solamente de tener pocas o muchas primaveras.
Miren, por ejemplo: esta referencia. Sangre española, el álbum en el que se publicó aquella canción, salió en 1992, de modo que probablemente no sea una buena manera de llegar a los jóvenes. Supongo que no; que es una acotación demasiado boomer y, por tanto, a desterrar. ¿No es así? También ocurre que es irónico que nunca haya habido tanta escasez de jóvenes como ahora (menos de un 16% de la población española tiene de 15 a 29 años) y, sin embargo, el mero hecho de andar dentro de ese rango de edad se haya convertido ya en un compartimento absolutamente estanco y, por lo que se ve, también insondable. El debate llega también a las librerías, afanadas en categorizar tanto para «llegar a los jóvenes» que a veces, es inevitable, acaban metiendo la pata, como una que no nombraré (se dice el pecado, pero nunca el pecador) y en cuya sección infantil encontré, hace unos meses, la maravillosa versión ilustrada por Rébecca Dautremer del De ratones y hombres de John Steinbeck (Edelvives, 2026).
Ya lo conocen, y si no, igual que a Lennie, debieran: se trata del protagonista de la desgarradora película Ciudad de Dios (Fernando Meirelles y Kátia Lund, 2002), y del libro homónimo de Paulo Lins (1997), y en la actualidad sería un boomer de 69 años de no haber sido acribillado a balazos -hay quien dice que la causa fue una sobredosis, pero eso no altera el resultado final- a los 28, lo que le convierte en joven eterno. A Zé le tocó en (mala) suerte vivir y morir en uno de los lugares más peligrosos del mundo: el barrio de favelas de Cidade de Deus, en Rio de Janeiro. Había nacido el mismo año en que también vinieron al mundo Gloria Estefan o Jordi Hurtado, cuya larga trayectoria en televisión le ha valido no pocos memes relativos a una longevidad que, como ven, tampoco es para tanto.
¡Ay, y bueno! Ya ven que la vida es más difícil en según qué latitudes y, sobremanera, en según qué niveles de renta o de marginalidad. Pero, como les decía, se ha puesto de moda eso de buscar la piedra filosofal que, según parece, es el llegar a los jóvenes; el instruirles, cuando no rogarles, a todos cuantos hayan nacido a partir de determinado año, sobre qué leer, qué ver o qué consumir. Sin embargo ocurre que hay jóvenes, como ancianos o personas de mediana edad, de toda clase y condición. También en el Brasil de los años 50 que vio nacer a Zé Pequeno y a Aílton Batata se respiraban aires diferentes en función del dónde y del cómo. Les cuento que, haciendo mía otra referencia muy boomer, todo está en los libros y que hoy, sábado 4 de julio, a las 20.30 horas, se presentará en el Espacio A Quemarropa el espectacular cómic Ava, de Ana Miralles y Emilio Ruiz, que habla del accidentado viaje de Ava Gardner a Brasil, en 1954.