Cosas veredes, amiga Pilar
El encuentro ocurrió en la Carpa de las Culturas. Una Pilar Sánchez Vicente exultante (esto es una redundancia, porque ella siempre lo es, y fíjense en que uso el verbo ser, que no el estar) vino a buscarme para charlar de la vida y contarme, con esa sonrisa amplia que es capaz de animar no sé si a un muerto, pero sí a esta juntaletras con cuatro horas de sueño en el cuerpo que era toda yo ayer, que en Francia el pueblo había mandado a parar a la ultraderecha. Ya era oficial, los números hablaban: la izquierda ganaba en votos. Me lo contaba por el pasillo que separa el ferial del certamen, y, al tiempo, decenas de personas entraban a ver la exposición Palestina en Viñetas y otras tantas clamaban justicia para las Seis de la Suiza. Poco más allá, la salud mental estaba a debate en la Carpa de la Palabra. Nos costaba avanzar a ambas, a la pelinaranja y a la pelirrosa, con tanta gente que plasmaba la mente y se te transformaba el cuerpo en ralentí.
Cosas veredes, amigo Sancho. ¿Saben que esa expresión no aparece, ni apareció jamás, en el Quijote? No aparece, nunca lo hizo. Creo que sí en el Cid, pero no pasó por Cervantes, y sin embargo así se dice. Cosas veredes, porque esta mañana me armaba yo de valor (la falta de sueño lleva a la inconsciencia) y me metía en los comentarios de un digital que hablaba sobre esta Semana Negra. Allá muchos auguraban una muerte próxima de una Semana Negra, decían, decadente, poco interesante ya para el respetable y falta, o sobra, según cómo fuera la bandera que portase el opinador, de compromiso. «La Semana Negra es el festival más atacado que recuerdo, y ya desde sus meros inicios», me decía el otro día mi pariente Paco Abril, y tenía razón. Se ataca tanto a este certamen que ya desde hace años se ha creado ese lugar común, y jamás cierto, de que por aquí, por el viejo astillero, somos cuatro gatos. Una aseveración tan errónea, que nos lo digan a la buena de Pilar y a mi misma, como ese Cosas veredes apócrifo, pero mucho más fácil de comprobar.
Sí, mucho más. Porque para saber que lo segundo es incierto tienen que leerse el Quijote al completo; pero para lo primero les basta con venir y pasárselo bien. Sencillo e indoloro, y para todos los públicos. La Semana Negra está aquí para quedarse y nada nos va a parar. Le pese a quien le pese. Ni modo.