Un artículo de:
Carlota Suárez
Publicado el:
2024-07-06

El viaje en Tren Negro del cronopio

Del ojo a la pluma

Con diez años, recibía al Tren Negro de la mano de mis padres, con la boca abierta y la imaginación disparada. Me habían contado que el convoy salía de la estación madrileña de Chamartín. Su locomotora no echaba humo, pero vista a través de mis gafas, se parecía mucho al Orient Express. Con un plus: aquel animal mitológico que había viajado hacia el norte, que diría Sabina, ¡vomitaba escritores! Sin escritores, no habría ficción y, a los diez años, yo ya era consciente de que, sin ficción, mi realidad sería un auténtico aburrimiento. Han pasado más de tres décadas y sigo manteniendo la ilusión de la pequeña que soñaba despierta y devoraba historias a dos carrillos. Esta XXXVII edición de la Semana Negra está dedicada a esa niña, a la de diez y a la de cuarenta, ya camino de los cincuenta. Porque los cronopios crecemos y envejecemos, pero no morimos. Y este mes de julio, Cortázar celebra su ciento diez cumpleaños en Gijón, a lo grande y rodeado de sus lectores, que estamos deseando disfrutar de un trocito del pastel.

Es imposible retroceder en el tiempo, en busca del instante en que pasé de lectora a escritora. Ese momento no existe. Los cronopios vivimos inventando ficciones y eso es casi como decir que nacemos escritores. Por responder con un mínimo de lógica a una de las cuestiones que se me plantearon antes de abordar este texto, confieso con rotundidad sentirme más lectora que escritora. Por otro lado, no creo haber dado un paso entre lo uno y lo otro; mucho menos un salto. En mi caso, lectura y escritura conviven de un modo tranquilo y natural. Y de vez en cuando, dependiendo de las circunstancias, lo que escribo se publica.

Otro de los temas que se me propone abordar aquí son las críticas, esas flechas directas al ego del artista que, debido al volumen de la diana, rara vez yerran el tiro. Las críticas son, a mi entender, la mejor herramienta de aprendizaje. Aprendo sobre escritura, cuando la persona que me critica tiene la inteligencia de hacerlo con la obra como base y sobre la condición humana, cuando quien lo hace se rinde a lo visceral, basando su valoración en lo que siente por la autora. No sería honesta conmigo misma ni con los lectores de A Quemarropa si no diera una respuesta a la cuestión de si alguna de las críticas que he recibido me han hecho pensar el tirar la toalla. Admito que estas últimas, las viscerales, que restan en lugar de sumar, casi lo consiguen. No la toalla de la lectura o la escritura, que son parte de quien soy, sino de la publicación que, dado el tiempo en el que vivimos, va unido a la promoción pública. Por suerte, he sabido leer entre líneas y lo que pretendía hacerme perder pie ha resultado en una Carlota más fuerte, más tranquila y más sabia.

Quien lee este periódico histórico, Decano de la Prensa Negra, tiene a buen seguro las claves para vivir el festival con la máxima intensidad. Así pues, solo me queda animaros a visitar la Semana Negra y dar la bienvenida a Julio Cortázar, cuyo rostro veo difuminado, a través del humo del cigarro, mientras se baja del tren y se ajusta el cuello de la gabardina. No olvidéis que los libros son espirales infinitas y que en cada espiral vive un cronopio.