Debimos tirar más fotos
Aunque parezca mentira (algunos dirán que lo es), la última jornada del Espacio AQ de la Semana Negra estuvo tan llena de presentaciones, actividades y emociones como la primera. Vamos, como si estuviéramos empezando en lugar de llegando ya al final del recorrido semanero, que este año ha tenido el Arbeyal por escenario, donde esperamos quedarnos ya tranquilos, al menos por lo que resta de siglo.

Pero eso nunca se sabe, porque tal y cómo va el mundo, la distopía se acelera, nos alcanza y hasta nos supera, habiéndonos acostumbrado a vivir en ella como en nuestra propia casa. Eso es lo que se colige también de la lectura de la primera obra presentada ayer: Vallekas 2084 (Reino de Cordelia), donde ese maestro de la novela negra e histórica con tintes no menos oscuros que es Alejandro Gallo, ha tenido la osadía de meterse en territorio distópico neonoir, siguiendo los pasos de clásicos como Orwell y su 1984 y El mundo feliz de Huxley, pero con un ojo puesto también Philip K. Dick, películas como Blade Runner o 1997: rescate en Nueva York y el ciberpunk noir de los noventa, llevándolo todo, ni más ni menos, que al madrileño barrio de Vallekas, con “k”, convertido en último refugio de la disidencia. Y no le ha quedado nada mal, como defendió con entusiasmo su ilustre presentador, José Manuel Estébanez, de cuyo juicio nadie se atreve a dudar y al que nos alegramos de ver finalmente por allí, aunque fuera sólo el último día (deberes más altos le reclamaron este año).
Vallekas 2048 plantea un pasado mañana de grandes corporaciones multinacionales que rigen el planeta, siguiendo el ejemplo del para entonces mítico Donald Trump, su verdadero padre espiritual. Utilizando las nuevas tecnologías virtuales y digitales, las redes sociales y las drogas de diseño Coumenn Corporation obliga a los ciudadanos del mundo a ser felices, si cumplen con sus obligaciones de consumir y ser consumidos, en ciudades-estado aparentemente utópicas, rodeadas por una masa creciente de pobres, desahuciados, enfermos y parados.
Aquellos desplazados que se se niegan a participar de la felicidad utópica obligatoria por mandato, solo tienen un lugar al que escapar y donde ocultarse: Vallekas, un estado independiente dispuesto a plantar cara al nuevo orden mundial y sus secuaces. Allí es donde busca refugio el inspector Da Costa, perseguido por siniestras farmacéuticas al servicio del poder, que quieren utilizar su cuerpo y células singulares a fin de destilar un suero de la inmortalidad para los tecno-oligarcas que dominan la Tierra, quien encima y por si fuera poco se verá mezclado en el asesinato de un sacerdote durante un encuentro en el estado (que no el estadio) Vallekano de la Teología de la Liberación. Suspense, ciencia ficción, humor y acción, pero siempre al servicio de una crítica acerba sobre los peligros del capitalismo acelerado y las élites tecno-empresariales actuales. Mañana puede ser verdad, que decía Chicho Ibáñez Serrador. Eso sí, con su nueva y sorprendente novela, Gallo se ha convertido en el Gallo Vallekano, ciudadano de honor del barrio madrileño más rojo, punki y contestatario.

Seguimos en territorio noir y muy social con Matar al comisario (Fondo de Cultura Económica de México), pero ahora en lugar de en un futuro ficticio en un pasado muy real: el de la Argentina de principios del siglo pasado y los orígenes del sindicalismo y la acción sindical argentina, así como los de su cruenta y brutal represión por parte de las fuerzas del orden. Estamos ante una novela gráfica que es eso y mucho más, “un documental” ilustrado, una obra colectiva producto del trabajo conjunto del narrador Jorge Consiglio; la escritora, editora y psicóloga Paula Brecciaroli, y el arquitecto y dibujante Iñaki Echeverría.
Precisamente fue este último, acompañado por los expertos en literatura dibujada de la Semana, Norman Fernández y Ángel de la Calle, quien vino a presentar este fascinante trabajo, que saltando también en el tiempo, del pasado al presente y combinando distintas técnicas gráficas y narrativas, recrea un episodio real de la historia del anarquismo argentino, donde se entrelazan violencia política y represión estatal, siguiendo los pasos del emigrante judío ucraniano Simón Radowitzky, que llega a Buenos Aires en 1908, cargado con el equipaje más peligroso que se pueda imaginar: ideas anarquistas.
Su historia desembocará en la brutal represión de la infame Semana Roja de 1909 en Buenos Aires, pero sobre todo dará pie a una profunda reflexión sobre el significado histórico y social del anarquismo en Argentina y a un espectacular trabajo narrativo gráfico de Echeverría, maestro del trazo suelto y el blanco y negro, con estilo personal digno de los más grandes maestros de la ilustración y el cómic italo-argentino. Todo para plantear una pregunta tan incómoda como recurrente en la actualidad: ¿Qué hace una sociedad con sus muertos y el círculo de violencia? Para saberlo, Ángel de la Calle nos mandó a todos corriendo a comprar Matar al comisario, del que apenas había unos cuantos ejemplares y que tardará lo suyo en distribuirse en nuestro país.
Rebajamos un poco el nivel de violencia y crítica social con la última clase magistral del ciclo de este año del Aula SN, que se celebra en colaboración con la Universidad de Oviedo. Una conferencia que trató de… ¡Eurovisión y Bad Bunny! Por fin la diversión y la cultura pop llegaron a la Universidad. Pero vaya por dios, resulta que no a la española, sino a la escocesa Universidad de Aberdeen donde Bárbara Barreiro León trabaja en la investigación de la cultura visual, la identidad cultural y sus representaciones urbanas y transmedia. Por lo visto, aunque licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Oviedo, su especialidad no es aún suficientemente académica, seria y relevante como para que merezca una plaza permanente en la universidad española. Así andamos.

Resultó de lo más sugerente y atrevido escuchar a Bárbara Barreiro su ponencia titulada Memoria e identidad en la cultura pop: de Eurovisión a la Super Bowl, aunque la cosa fuera más bien en sentido inverso. Comenzó la clase, acompañada como es habitual por imágenes ad hoc, centrándose en la figura del rapero, compositor y productor musical originario de Puerto Rico, Bad Bunny, o sea: Benito Antonio Martínez Ocasio, quien sobre todo tras su aparición estelar en la Super Bowl, plantando cara a Trump y sus políticas de inmigración, así como a su último disco conceptual, DeBÍ TiRAR MáS FOToS, de este mismo año, ha pasado de ser el terror de las nenas políticamente correctas a transformarse en icono de la rebelión contra el colonialismo USA y la defensa de la independencia de su país.
A través del ejemplo de su carrera, llena de elementos identitarios relacionados con los roles actuales de raza, género y nacionalidad, quedó claro que sigue existiendo una capacidad singular en los discursos de la música popular y comercial actual para introducir mensajes sociales relevantes, que participan de la diversidad en la construcción de identidades que se oponen y distancian de determinadas políticas opresoras y reaccionarias. Bad Bunny, con un discurso nacional que reclama la autonomía e independencia para Puerto Rico, pero también conservando y renovando la tradición musical de su país, ampliando ahora su arsenal desde el rap, el reguetón y el trap urbanos hasta géneros más tradicionales como el bolero o el merengue, así como a través de su presencia como personaje público e icono mediático, supera los márgenes de la industria musical para inscribirse en un proceso político y social de memoria e identidad absolutamente relevante y necesario. Lástima que a mí me gusten más Ca7riel y Paco Amoroso. Nadie es perfecto.
Por otro lado, el fenómeno de Eurovisión fue analizado combinando en parte el entusiasmo de toda una eurofan —que tuvo ocasión de presenciar la edición de 2023 desde el backstage, haciendo genuino trabajo de campo al tiempo que disfrutando como loca—, con las aristas de un espectáculo internacional donde música y canción se ponen muchas veces abiertamente al servicio de políticas partidistas e influencias espurias. Si por un lado nos encontramos con canciones como la que representó a Grecia en la pasada edición del 2025, Asteromáta, interpretada por la cantante Klavdia, que nos habla del genocidio del pueblo griego a manos de los turcos, por otro tenemos el poderío de Israel plenamente instalado pese a la repulsa de numerosos países no sólo a raíz de los últimos acontecimientos en Gaza, sino casi desde el momento en que fuera aceptada como miembro de un festival europeo de la canción. Es innegable, sin embargo, el papel eminentemente positivo de construcción de una nueva identidad queer empoderada y fuera del armario, libre y aceptada, que ha asumido socialmente Eurovisión a través de la apropiación LGTBI+ del festival, sus estéticas y excesos. Por un momento, estuvimos todas a punto de cantar Xixón is living a celebration, pero afortunadamente prevaleció el sentido común.

Volvieron las aguas a remansos más tradicionales, con la presencia de todo un clásico de nuestro periodismo cultural, además de escritor a secas, divulgador y editor literario: el canario Juan Cruz. Presentado por la periodista Eva Cosculluela, y no por Claudia Neira como estaba previsto en un principio, el veterano colaborador fundamental y fundacional de El país original se trajo consigo el libro Inolvidables (Galaxia Gutenberg), donde se reúnen una treintena de entrevistas realizadas a lo largo de toda su carrera a personajes fundamentales de la cultura y la literatura del siglo XX. Algo que no es baladí, teniendo en cuenta que la primera entrevista la hizo cuando tenía trece años y no llegaba siquiera a alcanzar el teléfono, con el que consiguió llamar a un entrenador de fútbol al que quería y logró entrevistar.
Por las páginas de Inolvidable, sometidos al amable pero implacable acoso del periodista siempre curioso, desfilan John Berger, uno de sus autores favoritos; María Zambrano, Günter Grass, Vargas Llosa, Miguel Delibes, Cristina Fernández Cubas, Doris Lessing, José Saramago (todo junto, no Sara Mago, oiga), Ismail Kadaré, Octavio Paa y muchos más. Pero de entre todos ellos, uno se quedó para siempre en la memoria de Cruz: un Jorge Semprún enfermo, al borde ya de la muerte, que se vio y se supo injustamente olvidado y al que el periodista calificó con sentimiento como “el más importante de los españoles tristes”. Saltando de anécdota en anécdota, con ayuda de algún apuntador y apuntadora entre el público, cantando en italiano y siempre con una sonrisa, cuando Cosculluela le preguntó para finalizar “¿Cómo está el periodismo actual?” no pudo Cruz sino cargar con la suya y la nuestra, contestando lapidario: “Este oficio está jodido”.

Del periodismo literario de altura y como deporte de riesgo, pasamos a la divulgación criminal, que no del crimen, con el ensayo El rostro del mal (Espasa), en un acto auspiciado por la Sociedad Científica Española de Criminología. Su autor, ni más ni menos que el doctor en psicología, profesor universitario, escritor y especialista en análisis de la conducta criminal, Juan Enrique Soto, fue muy apropiadamente presentado e interrogado (sin aplicar el tercer grado) por su amigo y colega, profesor de fenomenología criminal, conocido ya de la Semana, Ricardo Magaz. Entre ambos, nos aproximaron al negro corazón de este nuevo libro de Soto: un intento de contestar a la pregunta que tantas veces le hacen estudiantes y medios periodísticos: ¿el criminal nace o se hace? Evitando el morbo a toda costa, recurriendo a la ciencia, la psicología, la biología, los casos reales y hasta un poco a la filosofía, El rostro del mal nos invita a enfrentarnos a una realidad mucho más compleja y gris que la mostrada por novelas policíacas, series y películas.
Y si alguien puede iluminarnos respecto a estos dilemas es desde luego Soto, quien fuera casi treinta años inspector jefe de la Policía Nacional en calidad de psicólogo criminalista, a lo largo de los cuales participó activamente en la investigación de crímenes tan sonados y mediáticos como los de José Bretón, Marta del Castillo o el Violador pederasta de Ciudad Lineal (a quien su investigación contribuyó a detener), creador de la Sección de Análisis de Conducta de la policía española, además de diseñador del método VERA de elaboración de perfiles psicológicos de agresores desconocidos, reconocido y adoptado por distintos países europeos e hispanoamericanos. Ahí es nada. Ya están tardando en hacer la serie, que no todo va a ser el FBI.

Para terminar en alto, pero que muy en alto, el Espacio AQ se llenó primero de poesía y poetas asturianos, jóvenes pero muy decididos, con la presentación del libro L´angulu ciegu. Muestra de poesía asturiana actual (2001-2025), una antología de la poesía en asturiano de principios del nuevo siglo, preparada por los poetas Ricardo Candás, Héctor Fernández, José Ángel Gayol y Héctor Pérez Iglesias, todos presentes en el acto. Se dividió este en dos partes bien definidas. Una primera en que los autores de la antología explicaron lo justo y necesario de su libro, teniendo en cuenta el sorprendente vacío crítico que rodea a la poesía en asturiano del primer cuarto del siglo XX, a diferencia de lo ocurrido anteriormente.
Surgido el proyecto a través del grupo de whatsapp integrado por estos y otros amigos poetas y escritores, ha fructificado finalmente en una antología crítica que se quiere heredera de la tradición iniciada en 1839 por la seminal Colección de poesías en dialecto asturiano del escritor y erudito José Caveda y Nava, que alcanza hasta otras más recientes como la fundamental Palabras Clares de Antón García y José Luis García Martín. Precisamente para no quedarse ahí, para ceder la palabra a las nuevas generaciones, así como para remover las aguas demasiado quietas de la crítica literaria asturiana, se lanzaron estos jóvenes a iluminar el ángulo ciego de la poesía en asturiano. Y qué mejor forma de subrayarlo que procediendo, en la segunda parte del acto, a leer varias poesías del libro, todos y cada uno de ellos, pese a lo cual no solo terminaron a su hora sino incluso antes de tiempo… Algo creo yo inédito en las lecturas poéticas al uso.

Tras esta poética lectura lo único que podíamos hacer era tener un final de película. Y así fue. El director y realizador asturiano Marino Franco, reconocido y premiado en varios festivales a lo largo de su breve pero intensa carrera, se trajo con él los cortometrajes Custodia compartida y Dueños del mal, ejemplos perfectos de una filmografía consagrada a la defensa de los derechos humanos, la denuncia de la violencia contra la mujer o los problemas de salud mental de la juventud, sin olvidar su desgarrador documental Con ojos de mujer, donde retrata la tragedia de los refugiados sirios desde una mirada femenina. Para presentar sus dos filmes estuvieron también con él Tácito Suárez y Salomé García Álvarez, protagonistas de Dueños del mal. Así nos despedimos un año más del Espacio AQ y la Semana Negra… Y entonces, como si el cielo se enfadara por ello, sonaron truenos y relámpagos y el diluvio se abatió sobre nuestras cabezas.