Matar al comisario

Norman Fernández

Norman Fernández

2026-07-11

Simón Radowitzky nació en Ucrania a finales del siglo XIX. Incorporado al mundo del trabajo con tan solo 14 años comenzó a participar en los movimientos obreros de corte anarquista muy joven; de hecho, tras ser detenido, se libró de ser deportado a Siberia porque aún no había cumplido los 16 años. La brutal represión ejercida por la Rusia Imperial motivó que se trasladará a Argentina, lugar en que residían algunos familiares, y donde sigue participando el movimiento obrero. En 1909 se producen en Buenos Aires los acontecimientos de la que se llamó semana roja, iniciados cuando la policía disparó indiscriminadamente sobre la multitud que estaba celebrando el acto central de la conmemoración del 1 de mayo, produciéndose cientos de heridos y decenas de muertos. El movimiento obrero convocó entonces una huelga general que sería brutalmente reprimida. Radowitzky realiza, en respuesta, un atentado con bomba que termina con la vida del jefe de la policía Ramón Lorenzo Falcón. Tras pasar 21 años en la cárcel, y gracias a presiones del movimiento anarquista, fue indultado y desterrado. Después de recalar en Uruguay, donde el gobierno trató de expulsarlo mediante la ley de extranjeros indeseables, se trasladó a España para participar en las Brigadas Internacionales, combatiendo en el frente de Aragón. Tras la derrota del bando republicano es internado en un campo de refugiados en Francia, para trasladarse más tarde a México, ya su último destino, en donde trabajó en una fábrica de juguetes.

A tenor de la biografía de Radowitzky parece bastante entendible la fascinación que su figura genera y, ciñéndonos ahora al mundo de las viñetas, ya en 2916 Agustín Comotto realizó la novela gráfica sobre su vida 155; título que hace referencia al número que tenía Radowitzky en el penal de Ushuaia en el que pasó los 21 años que estuvo preso (salvo un pequeño periodo en el que consiguió fugarse, aunque solo por unos días). También Radowitzky ocupa un protagonismo esencial en Matar al comisario, novela gráfica realizada por Jorge Consiglio, Paula Brecciaroli e Iñaki Echeverría. Aunque esta última abarca un periodo breve de peripecia existencial de Radowitzky, ambas hacen hincapié en el proceso de concienciación del protagonista que le llevaría al convencimiento de que en determinadas circunstancias la violencia no solo puede ser legítima sino que, en realidad, constituye un acto de justicia.

En el caso de Matar al comisario la narración va intercalando tres ejes discursivos, el primero de los cuales se centra en los primeros años de la estancia de Radowitzky en Argentina, alternando esa narración con la exploración de la importancia del anarcosindicalismo en los primeras décadas del siglo XX en aquel país y la reflexión sobre la vigencia del pensamiento anarquista hoy en día (resolviendo equívocos como el del uso del aberrante y estúpido concepto del anarcocapitalismo). En este último apartado de hace especialmente pertinente el trabajo de Consiglio, Brecciaroli y Echeverría; sobre todo en estos tiempos en los que la libertad es un valor que no para de ser ninguneado (o directamente arrastrado por el fango, con continuas menciones a ella sustentadas en intereses espurios, que nada tienen que ver con lo que realmente representa), teniendo que asistir casi a diario a esperpénticos y kafkianos espectáculos en los que se enarbola la bandera de la libertad para defender el privilegio. Una coyuntura en la que se hace necesario volver nuestra mirada hacía el anarquismo, sin duda uno de los sistemas de pensamiento que más se ha basado en la exploración de la libertad como principio y fin de su doctrina y actividad; un sistema filosófico-político que aboga por la construcción de una sociedad sin dominación (relaciones de dominación que en la actualidad están constituidas principalmente por el estado, el capitalismo y el patriarcado), pero que no representa un sistema ideológico cerrado y bien delimitado, sino más bien lo que podríamos llamar un cuerpo de ideas y de prácticas cuyo principal objetivo es erradicar, o limitar lo máximo posible, esas relaciones de dominación. Sobre eso también reflexiona Matar al comisario.

Iñaki Echeverría nos acompaña esta Semana Negra. Ha traído bajo el brazo algunos ejemplares de esta novela gráfica que aún no tiene edición en España. Si están atentos y le asaltan por el recinto, tal vez le convenzan para que les venda un ejemplar (que además se podrán llevar dedicado).