Mi mejor Semana Negra
La Semana Negra de mi Vida
Confieso con satisfacción que no me he perdido ninguna de las ediciones de la Semana Negra desde su inicio a finales de los años ochenta del pasado siglo. Y no añado lo de orgullo, porque no me parece tan relevante estar presente en todos estos años porque la mera enunciación del programa, la presencia de importantes escritores con libros de gran interés y las actuaciones musicales que fueron programadas eran platos de seducción suficientes para no tener que hacer demasiado esfuerzo en visitar el recinto ferial y pasármelo en grande.
Estuve dudando cual sería, en mi opinión, la mejor Semana Negra que disfruté. Y creo que tengo claro que fue la primera, la que se celebró en El Musel y que abrió el camino a las muchas ediciones (ya van 37, como pasa el tiempo) que, desde entonces se han celebrado en Gijón y que se fueron extendiendo como tentáculos por otras zonas de Asturias. Y si digo que la más destacada fue la primera, a mi juicio, lo hago por la magnífica atmosfera que se creó en las dársenas del puerto exterior en lo que para muchos de nosotros era novedoso y sumamente atractivo.
No había día que la programación de la Semana Negra no me sorprendiera en su primer año. Ya aparecieron viejos escritores que se quedaron con nosotros por varias temporadas y que nos enseñaron que una buena novela de género tiene un componente social y político que no podemos dejar de lado. Eran mesas redondas, presentaciones, siempre con el tiempo tasado, y diferentes puntos de vista sobre una realidad literaria. Y aquello era lo que nos atraía.
En el año que la Semana Negra se prendó de Gijón (y viceversa), el alcalde de la época, Vicente Álvarez Areces, publicitó la actividad cultural y festiva gijonesa como la mejor del Norte de España. Y muchos se quedaban alucinados porque de aquella Bilbao y San Sebastián y hasta Santander no tenían rival. Pero la experiencia puso en si sitio a Gijón y la Semana Negra fue el factor que desestabilizó la clasificación final, a pesar de que los más escépticos creían que el alcalde era un fabulador nato.
Pero después de que, gracias a Juan Cueto y a Paco Ignacio Taibo, Gijón le birlara a Barcelona la sede de este festival negro y cultural, nadie dudó de que la Semana Negra iba a ser de gran importancia para la ciudad. Y también, claro, para este tipo de literatura que cada vez tiene más adeptos y cada vez cuenta con más incondicionales en una mezcla de sensibilidad por las historias y complicidad con miles de personas que se agolpaban en los diferentes estands a adquirir la mercancía.
Y yo creo que mi preferencia por la primera edición de la Semana Negra en El Musel vino marcada por el mestizaje que se producía no solo en el propio recinto, sino entre los visitantes que se dividían en los que andaban expectantes a ver qué daba de sí aquel invento y los que ya sabían que el festival iba a pegar fuerte en las preferencias de los asturianos porque llegaba con mucho ímpetu, mucha imaginación y muchísimo trabajo previo que los visitantes todavía no sabían valorar.
Y resultó un éxito, por supuesto, hasta el punto de que los enemigos de la cultura popular que entienden que el elitismo es fundamental para la definición del arte trataron de ponerle diques, pero a pesar de sus esfuerzos de sus bulos y de sus intereses creados, nunca pudieron frenarla. Ni siquiera cuando una alcaldesa de la derecha llegó a la ciudad con una motosierra en el imaginario. No solo no le retiró la subvención ni le negó la cesión de los terrenos, sino que al final, quedó convencida de que si hacía lo que tenía pensado, iba a durar en el cargo, menos que un caramelo a la puerta de un colegio.
Me imagino que habrá gustos sobre la Semana Negra tan variados como visitantes. Cuando los promotores de este maravilloso invento señalaron que se podía asistir a la vez a la presentación de un libro y comer una parrillada de pulpo o subirse a la noria para ver Gijón desde las alturas, los más puristas pusieron el grito en el cielo. Y se equivocaron, poque desde mi admirada primera edición en El Musel hasta la presente Semana Negra de este año esa mezcla de actividades es posible. Y son muchísimas las personas que la practican. Hasta el infinito