Obreros de la Serie Negra
LOS SUTRAS DEL MAESTRO RAHNA
Recogidos por su admirador, amigo, esclavo y siervo Jesús Palacios
VII
Obreros de la Serie Negra
A lo largo de mi libro Encuentros con hombres poco o nada notables*, se cuela de vez en cuando algún hombre verdaderamente notable, aunque sólo sea para crear algo más de confusión en la mente de mis lectores y adeptos. Confusión será mi epitafio, como el de Pete Sinfield y también el vuestro. El caso es que uno de ellos, el auténtico judío errante chileno-mexicano-francés ya casi centenario Alejandro Jodorowsky, guionista de tebeos, director de películas psicotrónicas, novelista pánico, tarólogo, cabalista y psicomago, me regaló en una ocasión una auténtica perla de sabiduría que atesoro con esmero para compartirla solo con unos pocos elegidos, entre los que se cuentan hoy los lectores de AQ: “El mejor escritor español en lengua castellana no es Cervantes, sino Silver Kane.” Es decir: Francisco González Ledesma (1927-2015).

Portada de un reciente recopilatorio de bolsilibros de Silver Kane
Pero no como tal, o sea, no como el ilustre ganador en 1984 del Premio Planeta con Crónica sentimental en rojo, del premio Hammett de la SN en 2003 con El pecado o algo parecido o del RBA de novela policíaca en 2007 por Una novela de barrio, sino como su alter ego de bolsillo, el americanizado Silver Kane, autor de más de un millar de novelitas de a duro del Oeste, además de muchas otras de terror, policíacas y hasta románticas, utilizando también los seudónimos de Taylor Nummy, Rosa Alcázar, Fernando Robles o Silvia Valdemar entre otros.
Este era y es el autor favorito de Jodorowsky. Y a quienes creen que se trata solo de una boutade pánica del veterano psicomago, les aseguro que no es el caso en absoluto. Lo ha dicho y repetido por activa y por pasiva, en público y privado, en vivo y en directo, dejándolo hasta por escrito: “Prefiero los westerns de Silver Kane a El Quijote”. Cualquiera que haya visto El Topo (1970) o leído sus tebeos sabe que está diciendo la verdad y nada más que la verdad.
Como todo verdadero sabio oriental, el director de Santa Sangre (1989) e inventor de la psicomagia supo y sabe ver la grandeza en lo pequeño. La perla en el basurero. La nobleza del trabajo incansable del escritor profesional, popular y comercial, que aprende a insuflar con personalidad e imaginación un trabajo aparentemente ingrato, mecánico y alimenticio, hasta convertirlo en auténtica fuente de placeres secretos, en literatura portadora de libertad y sueños, de entretenimiento insano y de la más justa y necesaria evasión a los reinos de la fantasía.

Juan Gallardo Muñoz, un hombre llamado Curtis Garland
Silver Kane perteneció a la generación del bolsilibro español, lo más parecido en nuestra literatura a una genuina pulp fiction. Una novelística breve, derivativa, funcional y comercial pero al tiempo absolutamente personal, indómita, radical y demencial, a veces de forma inconsciente, otras no tanto, que permitió a millones de personas humildes, trabajadores, amas de casa, funcionarios, adolescentes, obreros y estudiantes sin un duro (bueno: con un duro y poco más) escapar a la gris realidad de la posguerra y el franquismo, viviendo aventuras exóticas, violentas, eróticas, románticas y delirantes, que superaban en exuberancia a las películas más espectaculares y contenían a menudo subtextos transgresores que pasaban la lupa de los censores gracias a su plebeyo aspecto y destinatarios.
Silver Kane no estaba solo. Fue uno de los mejores y más prolíficos, amén de uno de los pocos capaz de labrarse una carrera con su nombre real y obras de mayor prestigio. Pero en pleno periodo de esplendor de las novelitas de a duro, fueron multitud los escritores españoles que sobrevivieron amparados bajo sonoros seudónimos anglosajones, llenando a reventar quioscos, puestos callejeros y zapaterías con sus bolsilibros (sí: el zapatero no estaba solo a sus zapatos, sino también a sus libritos, que se intercambiaban en su establecimiento por dos o tres pesetas, haciendo circular así la cultura de bolsillo de forma imparable y democrática como ninguna). Apuntemos, de paso, que hace poco fue noticia en Gijón que el Kiosco de Mary (así se llama) en el barrio de El Llano, aún mantiene la costumbre de cambiar bolsilibros por solo 20 céntimos el ejemplar. Habrá que pasarse por allí antes de que desaparezca.

El cambio de bolsilibros sigue vivo en El Llano de Gijón
Terror, ciencia ficción, Oeste, espionaje, policíaco, romance, aventura, bélico… Todos los géneros y subgéneros de la ficción popular fueron cultivados por esta promoción de verdaderos obreros literarios especializados. Una clase obrera que ahora, por fin, va al paraíso, siendo recuperada y reeditada dignamente para las generaciones actuales, aunque seguramente más aún para aquellos que crecimos leyendo a sus autores, rebuscando ansiosos sus títulos amontonados en puestos de El Rastro, La Cuesta de Moyano o el Mercado de San Antonio.
Viene esto al caso en esta Semana Negra, porque precisamente uno de los editores presente en ella, el veterano Alberto Santos, pionero del fandom español, acaba de reeditar dos de las más de mil novelas policíacas de tinte negro publicadas por el demencialmente prolífico Juan Gallardo Muñoz, con su seudónimo de Curtis Garland: Las damas también mueren y La noche vuelve, ambas en la colección Imágica intriga. Dos irresistibles ejemplos de novela negra pulp española, que manejan con alegre soltura los tropos, tópicos y estilemas del noir tanto literario como cinematográfico a la americana, convirtiéndose en artefactos metaliterarios postmodernistas avant la lettre, sin dejar de ser al tiempo perfectamente disfrutables como “simples” obras de misterio para leer en el tren, el avión o en el Alsa, que siempre fue más barato (ahora lo dudo).

Juan Gallardo Muñoz (1929-2013), actor de teatro, hombre culto y leído, ademas de crítico de cine, llegaría a escribir y publicar más de 2000 bolsilibros de todos los géneros: terror, ciencia ficción, espionaje, crimen, Oeste… Utilizando seudónimos tan sonoros como Donald Curtis o Johnny Garland entre docenas de otros, si bien fue sobre todo como Curtis Garland como conquistó a sus lectores, especialmente dentro del policíaco, publicando en todas las editoriales señeras del formato: Bruguera, Toray y Rollán. Precisamente esta última le permitió un mayor número de páginas en obras como las que ahora reedita Alberto Santos, con nuevas portadas pero incluyendo también en el interior la deliciosa cubierta original, así como el simpático despliegue dibujado de los personajes al comienzo de sus páginas. Un regalo que ningún semanero amante de la novela negra puede dejar pasar por alto.
Curtis Garland, Silver Kane y muchos otros que sería demasiado extenso nombrar aquí, nos recuerdan un tiempo en el que leer era más que un gesto cultureta, elitista y presuntuoso. Era una necesidad, como un techo bajo el que cobijarse, como el comer o el respirar. Los bolsilibros eran los ladrillos con los que estos obreros de la letra impresa construían, apuntalaban y alquilaban a precio de ganga una vivienda literaria social y popular, para todos y al alcance de todos.

Sin duda, su momento ya ha pasado, pero el que sean rescatados y devueltos a las librerías y bibliotecas por editores esforzados, es fundamental para que tantos y tantas que hoy se pagan sus propias publicaciones y ediciones sin reparar en gastos, gustos ni disgustos, descubran que hubo un tiempo en el que los obreros de la literatura trabajaban a destajo para poder vivir de ella (y podían), pero también para que sus lectores pudieran sobrevivir y soñar gracias a ella. Hoy, la literatura, el libro y los escritores son en gran medida un lujo espurio, nos guste reconocerlo o no. Entonces eran la vida misma.
*Puedes recibir un ejemplar firmado por el Maestro Rahna de Encuentros con hombres poco o nada notables enviando tu donación voluntaria, no menos de cincuenta euros, a: Centro de Sanación y Sabiduría Espiritual Rahnamurti. Avda. Shambhala s.n. Shangri-La, Apdo.108 (Himalaya, El Tíbet).