Recontraconspiranoia
Crónicas reptilianas
CRÓNICAS REPTILIANAS V
Redactadas por el agente Sobek
(alias humano: Jesús Palacios)
Tienen los humanos una suerte de dicho que reza algo así como “El mejor truco del diablo es hacernos creer que no existe”. Esta sentencia, que lo es en más de un sentido, parece que la dijo el diabólico Charles Baudelaire, poeta francés maldito (que no es exactamente lo mismo que maldito poeta francés), decadente y simbolista, que del trato con el que aquí llaman Señor de las Tinieblas, en realidad nuestro amado Set, algo sí que sabía.
Para nuestra tranquilidad y satisfacción de reptilianos infiltrados, el hombre es el único animal que tropieza siempre con la misma pedrada que tiene en la cabeza, así que en lugar de tomar nota de las palabras del sabio alcohólico, sifilítico y putero que reinventó la poesía y descubrió el continente desconocido de nombre Edgar Allan Poe, prefiere hacer oídos sordos al verdadero sentido y sensibilidad de su famoso axioma, para seguir persiguiendo sombras mientras estas se apoderan del reino. Que a la postre convertiremos, como bien sabía nuestra némesis, Kull de Valusia, en el Reino de las Sombras.
Con esto quiero decir que gracias a la colaboración de nuestros estimados enemigos, autores y proselitistas de lo que ahora llaman misteriosamente “El Misterio” —que antaño llamaban por estas terrestres latitudes “Realismo fantástico” (que no mágico, ese es otro, literario y de aroma latinoamericano), “Ciencias ocultas”, “Estudios de lo paranormal” o “Paraciencias”, entre muchos otros interminables términos de difícil indefinición—, con sus desabridas, pomposas y alarmistas llamadas para poner al planeta en guardia contra terribles conspiraciones mundiales de origen tanto exógeno como indígena, cuando no alienígenas o todo a la vez, hemos podido introducirnos cómodamente bajo la piel de nuestros huéspedes humanos y la de todas sus instituciones de poder.
No hay manera más cómoda de conspirar que hacer creer al enemigo que la conspiración no existe. Los gritos y susurros de los desquiciados teóricos de la conspiración universal, que es una y todas al tiempo, especie de gran teoría unificada del complot para la dominación y el nuevo orden mundial, con sus afirmaciones contradictorias, paradójicas, incomprobables y absurdas, devienen en prueba inequívoca de una demencial paranoia esquizofrénica generalizada, contagiosa y planetaria, que descalifica automáticamente las acusaciones contra cualquier conspiración o atisbo de tal que aparezca o desaparezca frente a las narices mismas de los terrícolas. Se divide así el campo de batalla (la Tierra) entre los conspiranoicos con sus delirios, que lo son también de grandeza, y los razonables y racionalistas defensores del sentido común que los ridiculizan, poniéndolos en evidencia. Los primeros, quedan alineados en el peligroso extremo derecha del campo, los segundos, instalados cómodamente a la izquierda. En medio, los Anunnaki nos hacemos con el partido por goleada.
Porque, a ver, hijos de los hombres: ¿quién ha dicho que las conspiraciones no existen? ¿Qué fue el asesinato de Julio César? ¿Qué fueron los de Kennedy, Luther King o Malcolm X? ¿Qué el incendio del Reichstag? ¿Cómo se gestaron las grandes y pequeñas revoluciones y golpes de estado del pasado? ¿Qué fue el Watergate? ¿Y la caída de Allende?
¡Ay, almas de cántaro! ¿Quién os ha dicho que todas las conspiraciones son inventos de esotéricos fascistas locos? ¿No fue la Matanza de Atocha de 1977 fruto de una conspiración de la extrema derecha española y europea? ¿Desde cuando las farmacéuticas que han conspirado para medicalizar un mundo post-pandemia se han convertido en partidarias del comunismo y la socialdemocracia? ¿Por qué ha de ser acusar a Soros una prebenda de la derecha, como si se tratara de un millonario profundamente marxista e igualitario? ¿No fue la introducción del caballo y la marihuana en los ateneos obreros, sindicales y anarquistas de los ochenta una conspiración para acabar con ellos? ¿Por qué criticar la gestión de la pandemia ha quedado en manos de una derecha que se arroga irónicamente el papel de defensora del ciudadano? Pregunten a Ander Berrojalbiz, a Javier Rodríguez Hidalgo o léase el anónimo Manifiesto conspiracionista (Pepitas de calabaza).
Ni todas las conspiraciones son LA conspiración, ni por ello dejan de ser reales o posibles. Ni su denuncia es o debería ser exclusiva de una derecha enloquecida ni ridiculizarlas gratuitamente las elimina. Hacer creer que la conspiración no existe es el mayor y mejor truco de los verdaderos conspiradores. Pero qué sabré yo, si no soy más que un lagarto.