Un artículo de:
Olga Lobo
Publicado el:
2024-07-05

Invasión de puercoespines en Gijón

¿Quién anda por ahí?

Algo en la actitud de las mujeres le había llamado la atención. Por eso había decidido seguirlas, tal vez pensando que ahora sí, que ahora lograría dar con la respuesta a aquellas elucubraciones paranoicas. Leídas en la libreta de forro verde aterciopelado que alguien había abandonado en la mesa del café en la estación Sanz-Crespo, se habían convertido en una obsesión enfermiza. Ahora que las había visto cogerse de la mano y paralizarse ante la visión del hombre, no le quedaron dudas. Eran tan pálidas…

Poco antes se había acercado al edificio de la Dirección General de Policía, dejando su puesto de control y, apenas empezado, un vaso de ginebra que se había acostumbrado a beber cada vez que daba inicio a su misión, remedando al autor del texto, según lo que estaba escrito en la libreta que ahora era suya. Una mezcla de aburrimiento y haraganería había contribuido a que se distrajera con los cacareos de dos señoras de una mesa de al lado que, entre ruidos de pulseras doradas y efluvios de perfume floral, comentaban las novedades de la farándula gijonesa, entre alabanzas mutuas a manicuras y peinados a la moda. Fue entonces cuando, a pesar de un repentino e inútil esfuerzo de discreción en forma de cuchicheo, había podido oírlas con claridad comentar  escandalizadas un nuevo suceso que venía a engrosar la lista de cosas raras que estaban pasando en la ciudad las últimas semanas: una invasión de puercoespines en el parking de la policía, sí, te lo juro, aquí al lado— enfatizó la seguramente más ecuánime de las dos.

A pesar de la descabellada relación de causalidad, se dijo que tal vez, sólo tal vez, investigar qué era eso de los puercoespines podría ayudarle a entender el misterio de la desaparición de pasajeros descrito en las páginas de la libreta. De todas maneras, se dijo, hacía tiempo que había abandonado la idea de ser coherente. De seguir así, terminaría volviéndose loco, o alcohólico y, al fin y al cabo, la Dirección General de la Policía estaba apenas a diez minutos del café.

Continuará…

 

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Olga Lobo es profesora en la Universidad de Paul Valery (Montpellier) y experta en la obra de Cortázar.
Ha escrito este cuento por entregas y a cuatro manos con Carlota Suárez.